martes, 25 de abril de 2006

Presidente de la Gran Colombia?

Por la importancia del tema y ser de carácter actual publicamos la siguiente nota editorial de los diarios OPINET y EL MUNDO

El presidente de Uruguay, Tabaré Vásquez, dijo la semana anterior que el Mercosur no sirve. Alega que las asimetrías entre las economías de los dos grandes —Brasil y Argentina— y los dos chicos —Uruguay y Paraguay— son inmensas y que los dos mayores mantienen fuertes medidas proteccionistas. Además asumen actitudes arbitrarias: dos multinacionales de España y Finlandia están construyendo inmensas plantas de papel en la localidad uruguaya de Fray Bentos, en la frontera con Argentina. Este país se opone con el argumento de que esas industrias van a contaminar el río Uruguay, de cuyas aguas se surten en ambas fronteras, pese a que la Unión Europea ha advertido que sus empresas cumplen los más altos estándares de producción limpia.
No así, Argentina pretende llevar su reclamación a la corte de La Haya y ha bloqueado los puentes que unen a ambos países, incumpliendo normas vitales del tratado del Mercosur. De manera que los grandes países del bloque violan el tratado como les parece, se oponen al progreso de los chicos con razones dudosas —¿Argentina rechazaría la inversión europea en su territorio? Claro que no— y hasta se envalentonan y amenazan con llevarlos a cortes internacionales. Por eso, Vásquez emprende esta semana viaje a México y EU, con quienes pretende acuerdos comerciales más sanos que las relaciones con sus vecinos.
El asunto se parece mucho al alboroto que Hugo Chávez ha armado para retirarse de la Can. Es Chávez precisamente quien más ha violado los acuerdos andinos en materia de comercio cerrando la frontera cada que le viene en gana, y las razones que expone para su separación son, además de amañadas, carentes de todo criterio técnico y sumamente políticas. Dice que el TLC es un mal negocio pero los estudios demuestran que hasta Venezuela se beneficiaría notablemente por la exportación de Colombia a EU de productos fabricados con materias primas venezolanas. Acusa también al TLC de ser fuente de insolidaridad regional por el tema de la soya boliviana pero el tratado entre Colombia y EU implica largos periodos de desgravación para la soya y, de otra parte, no es gentil que Bolivia nos mande soya de Paraguay y Brasil como si fuera suya y menos que la venda más barata (precio internacional) a otros países que a Colombia, de manera que no queda muy claro quién es el insolidario en este caso.
A Chávez no le ha parecido mal que México —socio de Colombia y Venezuela en el G-3— tenga TLC con EU; tampoco le parece mal pedir ingreso como miembro pleno al Mercosur, cosa que la Can le prohíbe a sus integrantes; menos le importó asociarse con Brasil y Argentina para construir un megagasoducto sin siquiera informarle a los países chicos de Mercosur. Es que Chávez pretende ignorar que sus exportaciones a EU triplican las de Colombia: 24 mil millones de dólares contra menos de 8 mil (datos de 2004); y, de acuerdo con las denuncias de Tabaré, es fácil colegir que no hay más camaradería y hermandad en Mercosur que en la Can, los roces entre vecinos por el mejor negocio que ha hecho Uruguay en su historia (las papeleras) le restan autoridad al presidente de Venezuela para señalar al TLC con EU como culpable del desmoronamiento de la Comunidad Andina.
No cabe duda de que la pataleta no es más que su manera de señalar una posición política llena de relativismo moral. De hecho, las relaciones binacionales han tenido una semana muy agitada por las absurdas acusaciones que autoridades venezolanas han proferido contra el gobierno de Colombia por la supuesta orquestación de un complot para asesinar a Hugo Chávez. Nicolás Maduro, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela (órgano de bolsillo del mandatario), anunció en un tono poco conciliador que Colombia siempre ha sido el obstáculo para la independencia venezolana; o sea que volvimos a los tiempos en que los venezolanos odiaban a los colombianos por asesinar a Bolívar, a quien en vida ellos detestaban. No se olvide que a Chávez ya le llegaron sus helicópteros de combate y que pronto arribarán sus aviones. Qué mejor estrategia que alterar la paz de la región para que el petróleo llegue a los 100 dólares en diciembre, como lo anunció el presidente venezolano. El eje Caracas-Teherán nos llevará a ese escenario. Cualquier cosa puede esperarse de quien altera la realidad de esa manera sin sonrojarse, para poder justificar lo que sea.

La razón de la sinrazón Sergio De La Torre Tomado de El Mundo (www.elmundo.com)

A propósito del anuncio de Chávez de retirarse del Grupo Andino se me ocurren por lo pronto las siguientes sucintas reflexiones, sin perjuicio de plantear otras en próximas colaboraciones: 1.El bolivarianismo del coronel es mera retórica, para solaz propio y regocijo de una galería que cada vez sorprende más por su paciencia, o su indulgencia.
Retórica ya muy gastada por el uso y el abuso. Y que nos luce a nosotros como la puñalada trapera que aquí tanto invocamos para denotar la extrema hipocresía a que recurre quien, mientras nos acuchilla por detrás nos abraza por delante declarándonos su amor. Desde que llegó al poder Chávez incumple repetidamente las obligaciones previstas en el Pacto Andino, cerrando la frontera con Colombia para obstruir y demorar el paso de sus camiones, cada vez que se lo dicta su endemoniado humor o esa estridente e histérica arrogancia -tan propia de los seres inseguros- que lo distingue.
Por bolivarianismo todos entendemos integración, pero nadie como él ha socavado tanto la integración, sobre todo la que hay y debe haber con Colombia, que es casualmente el único de los 5 países del área andina con quien Venezuela tiene una frontera común, muy larga y cada vez más dinámica, por cierto. Y ello en función de colincharse con países con los que Venezuela no tiene afinidades históricas, geográficas, étnicas y económicas que valgan la pena (menos aún culturales, pues ahí sí que la distancia es abismal) como los del Cono Sur, que se entienden fácilmente con Chávez porque anda chequera en mano comprándoles hasta la deuda pública externa, como fue el caso de Argentina.
2. En toda región o país que pugne por salir del atraso y la pobreza (como es todavía el caso de Venezuela a pesar de sus poses de nuevorico) los intereses económicos deben prevalecer sobre cualesquiera otros. Pero nuestro héroe los subordina al interés político. La prueba es que se entiende mejor y le extiende más la mano a Bolivia que a Colombia (donde hay una economía complementaria de la suya y con la que tiene una frontera común), por razones supuestamente ideológicas. Digo supuestamente porque mientras Evo Morales funge como líder indígena de izquierda, Chávez es un neofachista, apenas en versión tropical, o sea sin la consistencia de Mussolini, verbigracia, pues del brillo ni hablemos.
3. Cada vez que el petróleo sube crece la altanería del coronel. Obsérvese que la rabieta con Colombia coincide con la llegada del precio del barril a US$ 70 en el mercado internacional. En los casi 3 meses transcurridos desde que se convino el TLC con Washington, ni siquiera musitó, luego el motivo de su disgusto no parece ser tan sólo ese tratado. El propio Chávez vaticina que el barril, para diciembre, estará en los US$ 100. Preparémonos entonces para otra explosión, mucho peor que la que ahora nos preocupa.
4. La postura del coronel frente a nuestro TLC está plagada de maniqueísmo. Ve la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio. ¿Acaso su entrada al Mercosur se la consultó a Colombia o a la Comunidad Andina? Mucho antes que nosotros, Méjico suscribió un TLC con USA. Y Méjico a su vez tiene un pacto de libre comercio con Venezuela, del que Colombia también hace parte. ¿Por qué no lo denunció retirándose de él para ser consecuente con su política? Pues porque Méjico puede gruñir en la comunidad internacional y ahí sí hay que andarse con cuidado.
Y la gran pregunta: ¿de qué se nos acusa a los colombianos si el primer socio comercial y el mayor mercado de Venezuela es USA, a donde exporta veinte veces más de lo que nosotros exportamos y donde incluso tiene montada una prolija red de estaciones de servicio, donde los automóviles gringos se abastecen de gasolina al precio promedio de allá?
Si fuera tan antiimperialista como quiere mostrase el coronel ya debiera haber suspendido la venta de petróleo a USA. Pero claro, si no es Estados Unidos, ¿quién se lo va a comprar en su reemplazo, no digamos que ahora sino siquiera en el mediano plazo?
5. El hombre no entiende de economía ni sabe que si Colombia requiere del Pacto Andino para venderle sus productos libres de impuestos, a Venezuela le pasa lo mismo. Si en Colombia 1.000.000 de empleos dependen del intercambio binacional, según se afirma, en Venezuela hay 500.000 en idéntica situación. Con relación al número de habitantes en cada país la proporción es igual dado que allá la población equivale más o menos a la mitad de aquí. Luego el problema para ambos sería semejante en extensión y profundidad.
¿Sí sabrá qué es un arancel o una balanza de pagos alguien que a juzgar por la superficialidad de sus monsergas televisivas, más que un estadista o siquiera un gobernante medianamente serio y equilibrado, parece un bufón? O uno de esos agitadores de pacotilla que tanto abundaban en Latinoamérica hace años, cuando los cuadros del populismo y de la izquierda se caracterizaban por aquello que conocemos como ‘analfabetismo funcional’. Quien lo padece aprendió a leer pero no entiende muy bien, según cuentas

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