viernes, 19 de mayo de 2006

Breve historia del Observatorio Astronómico


Esta edificación, primera en su género en el territorio hispanoamericano, fue concebida por el sabio José Celestino Mutis (1737-1808), quien se apoyó en los conocimientos constructivos del fraile capuchino fray Domingo de Petrés (1759-1811), y materializa una de las últimas iniciativas emprendidas por Mutis dentro de la Expedición Botánica.
A pesar de ser una obra modesta en tamaño y costo, el Observatorio Astronómico se consideró una de las obras más singulares que se hicieron en América del Sur durante la dominación española, por cuanto su construcción está vinculada al proceso ideológico de la ilustración, reflejado en la Expedición Botánica, y adicionalmente se realizó al margen de los estamentos académicos establecidos por la corona para supervizar el desarrollo científico, técnico y estético. Para el diseño del Observatorio Astronómico no se pidió autorización ni del Real Cuerpo de Ingenieros Militares o de Marina, ni tampoco de la Real Academia de San Fernando en Madrid, que era la instancia previa a la iniciación de cualquier proyecto arquitectónico importante de la época y que usualmente dilataba o simplemente no aprobaba los diseños provenientes de América, por considerar que sus autores no tenían la preparación académica suficiente.
En este caso, así era; Petrés no había estudiado arquitectura y había adquirido sus conocimientos de constructor trabajando como albañil en España, antes de zarpar hacia el Nuevo Mundo.El observatorio tiene una planta en forma octogonal, con un cuadrado adosado en uno de los lados, posee dos niveles y una azotea. El más bajo, servía como habitación para el astrónomo. El nivel siguiente fue concebido para que desde allí se realizaran las observaciones a través de siete ventanas verticales y alargadas.
Posee una torre dentro de la cual se desarrolla la escalera, que originalmente remataba en una azotea, pero que luego fue cubierta.
Se escogió para su construcción el jardín de la casa donde funcionaba la Expedición Botánica. Los trabajos se iniciaron el 24 de mayo de 1802, finalmente se concluyeron el 20 de agosto de 1803. Dos años después, en diciembre de 1805, llegó a trabajar en él uno de sus habitantes más ilustres: Francisco José de Caldas, quien a propósito escribiría después: "Yo me hallo con mediana salud, sepultado en el observatorio y entregado a la contemplación de los cielos de esa bóveda que publica en todos los momentos la gloria de su autor. Yo soy feliz en esta soledad, nada turba un reposo fundado en unos conocimientos sublimes y virtuosos".
Caldas murió tiempo después fusilado por los españoles y el observatorio permaneció saqueado y abandonado por muchos años; sirvió luego como bodega para una señora que fabricaba helados y como prisión para el expresidente Tomás Cipriano de Mosquera.
A finales del siglo XIX fue ocupado por Julio Garavito (1865-1920), quien desde allí ideó un método especial para precisar la latitud de un lugar con un simple teodolito, determinó el clima de Bogotá y estableció el empleo de la hora oficial.
Garavito se haría célebre también por disipar la alarma que reinaba en el público bogotano, que temía una catástrofe en la noche de 18 de mayo de 1910 cuando pasó cerca de la Tierra la cola del cometa Halley; él explicó que la cola de éste no era gas ni materia arrastrada por el núcleo, sino una simple ráfaga luminosa absolutamente inofensiva.
En los años cincuenta del siglo XX, la manzana del observatorio fue demolida, desapareciendo con ella la casa de la Expedición Botánica y el teatro Municipal; en su lugar fue construida la Casa de Nariño, en cuyos jardines ha quedado medio olvidada esta célebre edificación, a la sombra de cuyos muros ha transcurrido buena parte de la historia de la ciencia del país.

No hay comentarios.: