jueves, 27 de julio de 2006

Los primeros vuelos


El primer aparato volador que llegó a Bogotá en junio de 1911, fue un “Bleriot”, que vino desarmado y que debía ser conducido en unas maniobras de exhibición por el piloto francés que lo traía. Los empresarios de este espectáculo eran los caballeros bogotanos Ricardo Castello y Carlos Rosas.
Tristemente, los capitalinos quedaron totalmente frustrados en sus esperanzas de ver remontarse por los cielos un aparato más pesado que el aire. El fracaso del vuelo fue reseñado así por El Gráfico:
“Una noticia caliente para el pueblo bogotano. Primero en el Ground de Polo y más abajo después, ni acompañado ni solo pudo volar el francés.
Entonces, por más acierto, contrataron un potrero muy abierto, enorme como un desierto y verde como un billar; pues allí para volar el mogollo estaba muerto ... con su traje de montar y encaramado en el ave, ni el piloto mismo sabe dónde puede ir a parar.
Al fin el bicho se arranca traqueando como una fiera; cuatro cuadras de carrera, medio revuelo ... ¡y se tranca! ¿ Tal vez un dolor le asiste en la pechuga o la cola? El cuadro es de lo más triste: un mueble que se resiste, y un volador que no vuela.
“Como recursos, para próxima ocasión, aviador y carpintero le hicieron una operación a ese pájaro agorero (..) En día de junio, con viento de carácter regular, llegó el terrible momento de volar o no volar. Mucho de afán, de carreras y de medir ventolinas; ¡que asusten esas terneras! ¡que espanten las golondrinas! El aviador marrullero se encaramó cual un mico; al recorrer el potrero, nuestro pájaro agorero alzó el rabo y ... clavó pico”.

El aparato, que era un biplano monomotor, no tenía la potencia suficiente como para remontarse en la enrarecida atmósfera de la Sabana.
Tiempo despues los dinámicos y emprendedores hermanos Di Doménico contrataron al piloto norteamericano Knox Martin para realizar una serie de vuelos sobre Bogotá que fueran parte de los festejos con que se conmemoraría el centenario de la Batalla de Boyacá. Martin tenía un biplano Curtiss al que había bautizado “El Diablo Rojo”. Lo desarmó en Girardot y se puso en marcha hacia Bogotá. Lo armó y lo preparó el 8 de agosto, con un día de retraso por demoras en el transporte ferroviario. En seguida procedió a sobrevolar la ciudad. El Diario Nacional reseñó así este hecho histórico:
“Los habitantes de la ciudad capital, cuando más distraídos estaban, fueron sorprendidos por el zumbido del motor que funcionaba en las nubes; en las calles, en las casas, en los hoteles, como una corriente eléctrica corrió el grito que anunciaba el aeroplano que avanzaba ufana y triunfalmente sobre el fondo purísimo del cielo. Bogotá presentó un espectáculo de gran conmoción. Los comerciantes abandonaban sus tiendas y almacenes, y salían a la calle, donde se agolpaba ya una hetereogénea multitud; los tranvías, coches y automóviles se detenían en las calles para que bajaran los pasajeros... Puede decirse que en tanto que éste voló sobre la ciudad, en ella se suspendió todo tráfico y todo movimiento”.
Martin sobrevoló la ciudad durante cinco minutos, en ocasiones a baja altura y luego aterrizó al occidente de Fontibón. Los Di Doménico filmaron el decolaje y el aterrizaje para luego exhibir la película en el Salón Olympia. Al día siguiente se programó otro vuelo y se cobró un peso por la entrada al campo de aterrizaje. El 10 de agosto Martin efectuó otro vuelo que paralizó una procesión cívica que llegaba a la Plaza de Bolívar. El aviador arrojó una corona de laurel cerca de la estatuta del Libertador. Hubo otro vuelo el 11 y otro el 15 en el cual el norteamericano realizó una serie de acrobacias.
Una gran cantidad de bogotanos se dirigieron a la plaza del barrio Egipto para aprovechar su mayor altura a manera de excelente mirador. Cuando Knox sobrevoló la plaza de Las Cruces interrumpió una corrida de toros que allí se celebraba y el entusiasmo que despertó entre las gentes se volvió contra él poniéndolo en grave peligro. En efecto, los artesanos decidieron homenajear al aviador lanzando cohetes al paso del aeroplano; uno de los voladores estuvo a punto de alcanzar a Martin en el rostro.
El estadounidense, que había sido piloto de combate en la Primera Guerra Mundial, comprendió el riesgo en que lo estaban poniendo los eufóricos bogotanos, se retiró a toda prisa de la zona y aterrizó en el campo de La Merced.
También estaba programado un vuelo Bogotá-Tunja-Bogotá pero Martin decidió suspenderlo pues consideró que su aeroplano no estaba en condiciones de coronar con éxito un vuelo tan largo y arriesgado.
Al año siguiente llegó a Bogotá otro avión, el primero en arribar a esta ciudad por sus propios medios.
Se trató de un avión piloteado por tres pioneros alemanes de nuestra aviación comercial, los señores Hammer, Shurumbush y Von Krohn, y fue el primero en remontar la cordillera para alcanzar la Sabana de Bogotá. Después del aterrizaje los tres pilotos entraron a la ciudad acompañados por el ministro alemán en medio de una entusiasta muchedumbre que los vitoreaba. Este vuelo se había realizado por iniciativa de la recién fundada SCADTA, la cual ya había establecido la ruta regular de hidroaviones entre Barranquilla y Girardot. El 11 de diciembre de 1920 el señor arzobispo Bernardo Herrera Restrepo bautizó el aeroplano con el nombre de nuestra capital; fueron padrinos el presidente Suárez y el ministro alemán.
El 13 de diciembre el “Bogotá” decoló del campo “La Providencia”, cerca de Suba, y se dirigió a Bosa donde la SCADTA había adquirido un campo. El 24 del mismo mes regresó el norteamericano Knox Martin en un vuelo Honda-Bogotá, el cual duró 45 minutos. Martin tuvo que ser sometido a asistencia médica por problemas cardíacos debidos al rápido cambio de altura.
A esta sazón ya los bogotanos albergaban serias esperanzas respecto a la posibilidad de empezar a gozar de comunicación aérea con otras ciudades del país.

1 comentario:

equinoXio dijo...

Se está cometiendo un genocidio en El Líbano. Los invito a ver los videos que hemos recopilado en:
www.equinoxio.org y a participar en él.