sábado, 12 de agosto de 2006

Bogotá y el Líbano


Ante los crímenes de guerra que comete el Estado de Israel en medio de su agresión a Líbano y Palestina, y como muestra de solidaridad con los pueblos de estas naciones, cientos de miles de personas desarrollan, alrededor del mundo, actividades de protesta contra la política sionista en Oriente Medio.
Por ello, el pasado jueves 3 de agosto, alrededor de 600 manifestantes colombianos, libaneses y palestinos marcharon en Bogotá, exigiendo el cese inmediato de la ofensiva israelí.
La concentración, convocada por la Plataforma de colombianas y colombianos en solidaridad con Palestina y Líbano en la que participan distintas organizaciones y partidos políticos de izquierda, sindicatos y toda suerte de organizaciones populares, se inició alrededor de las 4:00 p.m. en el Planetario Distrital, para luego avanzar hacia la embajada israelí.
En su recorrido por la Carrera Séptima de Bogotá, representativa avenida de esta capital, la marcha se desarrolló de manera ordenada hasta que, al llegar a la sede diplomática ubicada a la altura de la calle 35, se presentaron los primeros altercados, cuando el teniente de la policía diplomática encargado de la seguridad del edificio da la orden a dos de sus hombres de derribar a un manifestante que intentaba pintar sobre la fachada la frase “liberar a Palestina y al Líbano”. Allí, en medio de gritos de protesta, se presentan forcejeos entre los participantes de la movilización y los uniformados, que cesan sin mayores complicaciones hasta que arriban al lugar un grupo de carabineros –policías antimotines sobre caballos– y una tanqueta del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), los cuales arremetieron contra los manifestantes usando chorros de agua y gases lacrimógenos.
Minutos más tarde, hacia las 5:05 p.m., la Carrera Séptima se convertiría en testigo mudo de un fuerte enfrentamiento entre la policía, que llamaba refuerzos para evitar que se continuara con la actividad de denuncia pacífica, y participantes de la protesta que, con piedras y palos, defendían su derecho a manifestarse en la vía pública.
Aproximadamente a las 5:20 p.m., arribaron al lugar los refuerzos de la Fuerza Disponible y dos grupos del Esmad, que procedieron a reprimir violentamente con chorros de agua, gases lacrimógenos y persecuciones por los barrios aledaños a las personas que hacían presencia frente a la embajada israelí.
Pese a las actuaciones de los uniformados y a los desórdenes generados, que produjeron la detención de 3 personas –entre quienes se encontraba un ciudadano palestino y la ex candidata del Polo Democrático Alternativo al Senado, Gloria Cuartas– que serían liberadas una hora más tarde, la manifestación no se disolvió totalmente y distintos grupos de marchantes se mantuvieron en el lugar o se dirigieron a los puntos neurálgicos del centro de Bogotá para denunciar las agresiones de la policía y para seguir demostrando su rechazo a los crímenes de guerra que comete el sionismo del otro lado del mundo.
Mientras tanto, se completan más de cuatro semanas de la amplia ofensiva de Israel contra los pueblos de la región. Según las autoridades de ese país, su accionar se justifica por la detención de dos de sus soldados, el pasado 12 de julio, por parte del grupo chiita Hezbollá. Pero este conflicto viene de décadas atrás.
En 1947 la ONU declara la partición de Palestina y seguidamente, entre 1947 y 1967, el recién creado Estado de Israel ocupa militarmente los territorios árabes, generando así una cadena de hechos que han violado los derechos fundamentales de la población árabe y generando una cadena de continua violencia.
En 1982, Hezbollá nace como una organización libanesa que combate la ocupación Israelí en territorios árabes.
Hoy por hoy, Hezbollá –o el Partido de Dios, por su traducción al español– se ha constituido en una organización política que apoya la lucha palestina y que, por ello, es hoy nuevamente blanco de ataques israelíes.
En dicho enfrentamiento, la población civil libanesa ha sido la más afectada, pues Israel no distingue entre población combatiente y no combatiente, llegando a cometer terribles crímenes de guerra.
Aunque ya se sumen más de 1000 víctimas mortales en estas acciones, Israel no quiere ceder y se sigue justificando bajo la premisa de que sólo está combatiendo el terrorismo, mientras hace caso omiso de las peticiones mundiales de dar fin a la guerra, sin que parezca importarle el cuantioso número de víctimas y las continuas violaciones a los derechos humanos que ha propiciado.

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