martes, 8 de agosto de 2006

Las iglesias como base del desarrollo colonial


Durante el siglo XVI el desarrollo urbano de Santafé se limitó al que tuvo lugar a lo largo del eje que se extendía entre las plazas Mayor y de Yerbas. En 1568, no había casa alguna al Sur de la actual calle 9a. (costado meridiorial del Capitolio).
Ya en 1590 había algunos inmuebles aislados en los contornos del río San Agustín. Fue, desde luego, el binomio templo-convento el núcleo básico del crecimiento urbano en la Colonia. De ahí que la América hispana heredara el concepto de parroquia, tradicional y vigoroso en España desde la Edad Media.
La parroquia, más que una unidad de apacentamiento de almas, era un activo centro político, administrativo, social y familiar. Los feligreses se casaban en su parroquia, eran sepultados dentro de los linderos de la misma, y a menudo testaban total o parcialmente a su favor.
Hasta 1585 Santafé era una parroquia única regentada por la Catedral. Sin embargo, en ese año se hizo evidente la necesidad de crear dos nuevas, además de la ya mencionada. Entonces, y siguiendo el eje de la Calle Real que ya iba más al Norte de las Yerbas y más al Sur de la Plaza Mayor, la diócesis, que estaba a cargo del obispo Fray Luis Zapata de Cárdenas, creó al Norte de la Catedral la parroquia de las Nieves y al Sur la de Santa Bárbara.
Los límites seguían siendo los ríos. Del San Francisco hacia el Norte estaba el territorio de las Nieves; del San Agustín hacia el Sur, el de Santa Bárbara, al que se adscribieron los poblados indígenas de Teusaquillo y Servitaba.
Por supuesto, las dos nuevas parroquias cumplían con los dos requisitos inexcusables de contar con habitantes suficientes y capaces de mantener un curato y costear la luminaria perpetua del Sagrario.
La iglesia de las Nieves fue construida con el patrocinio de Cristóbal Ortiz Bernal, encomendero de Sesquilé y conquistador, quien le colocó la imagen de la Virgen que le dio su nombre.
El terreno de la plaza que se abrió frente al templo fue donado por una hija del capitán Juan Muñoz de Collantes, encomendero de Chía. El templo de esta parroquia estaba cubierto de teja.
El de Santa Bárbara era pajizo y fue construido por el capitán Lope de Céspedes en honor de esta santa, diputada desde siglos atrás como protectora de los fieles contra rayos y centellas. En efecto, un día de tremenda borrasca cayó un rayo en la casa del capitán Céspedes y “solo causó daños menores”. El agradecido capitán, que era además encomendero de Ubaque, Cáqueza y Ubatoque, erigió esta ermita a Santa Bárbara en agradecido reconocimiento.
Estas capillas tuvieron la categoría de ermitas, es decir, sitios de culto levantado en lugares descampados sin mayor poblamiento. En el momento de ser convertidas en parroquias, el casco urbano no llegaba hasta estos parajes.
Podemos suponer que se hicieron principalmente para atender a la población indígena, que debía habitar en viviendas dispersas pero relativamente nucleadas. La instauración de estas parroquias las convirtió en áreas de desarrollo urbano prioritario. A su alrededor aumentaría el nucleamiento y provocarían la expansión del casco urbano en estas dos direcciones.
Sólo trece años después fue erigida la cuarta parroquia, que llevó el nombre del extraño y mal conocido San Victorino, abogado de los hacendados sabaneros contra las temibles heladas.
La trama social de las ciudades se fundamentó en las parroquias que actuaban como unidades residenciales y de culto, o sea, las dos funciones más importantes (excluido el comercio) de la ciudad colonial.
La expansión urbana tendría lugar manteniendo la parroquia como unidad y la dupla iglesia-plaza como espacios centrales de atracción. En el conjunto de la ciudad, cada plaza ocupaba un lugar dentro de la jerarquía de plazas: la Mayor, con más relieve, y unas plazuelas que servían de órbita y foco de unión e integración urbana de orden secundario.
Este sencillo pero efectivo esquema de ordenamiento urbano se reforzó en el caso de Santafé por su particular geografía.
Atrapada entre dos ríos que se unen en el Occidente, la ciudad tenía en ellos dos fuertes barreras geográficas que definían a su vez el límite de las parroquias: al Norte, Las Nieves; al Sur, Santa Bárbara; en medio, La Catedral, y al Occidente, San Victorino.
Un triángulo geográfico que se convirtió en el marco físico del desarrollo urbano a lo largo de toda la etapa colonial.

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