jueves, 24 de agosto de 2006

Los Voladores de Papantla


Los Voladores de Papantla brindaron uno de los espectáculos más admirados en las jornadas deportivas y culturales del cierre del X Festival de Verano de Bogotá, el cual reunió a miles de personas.
El grupo de los cinco voladores, dirigido por el caporal Ricardo Villanueva, presentó el tradicional rito de los indígenas totonacas en el capitalino parque El Lago, donde fueron ovacionados en cada uno de los rituales celebrados entre el sábado y Doming.
Hombres, mujeres y niños pudieron disfrutar del espectáculo que se inició con el canto al Dios del Monte, a quien se le solicita permiso para subir a la cúspide del tronco del árbol clavado en el centro del parque, rodeado de un pequeño lago y plantas silvestres.
El ritual, que se presentó en ese lugar tres veces por día, continúa con la danza "Son de la calle y son del perdón" de los cuatro puntos cardinales, que se hace alrededor del árbol de más de 16 metros de altura, antes de subir a la cima.
El sonido de una pequeña flauta de carrizo y un tamborcito hecho de cedro le otorga un toque mágico-religioso a este acto, que con más de dos mil años de antigüedad se presentó por primera vez en la capital colombiana.
El silencio sólo fue interrumpido por el viento, mientras cinco voladores escalaron, uno por uno, el mástil hasta llegar al cuadrante ubicado en la cúspide, donde cuatro de ellos se amarraron a la cintura, con el tradicional nudo del ocho.
El quinto, que es el caporal, vestido de rojo y blanco, con un mandil cruzado, es el único que permanece sin amarras y está encargado de dirigir el lanzamiento al vacío de los voladores, así como de invocar a los dioses.
La danza y el canto a los dioses requiere de la más estricta concentración; de lo contrario, el caporal puede caer al vacío.
Cuando el caporal baila, dice la tradición, sus pisadas son llevadas hacia la tierra y los sonidos de la flauta se van al cielo, y durante el canto, el hombre se para en las cuatro direcciones: norte, sur, este y oeste.
Los sonidos del tambor en la parte más alta del tronco representan el latido de la Tierra, y los sonidos de su pequeña flauta tienen como significado los relámpagos.
Las 13 vueltas que da cada uno de los cuatros voladores suman 52, cifra que representa a Venus, la estrella de la mañana y su influencia sobre la Tierra, simbolismo que se encuentra registrado en el calendario azteca. En los intermedios de cada presentación, los voladores se dedicaron a explicar a pequeños grupos el significado de la ceremonia y a vender artesanías con sus pequeños voladores.

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