martes, 5 de septiembre de 2006

Bogotá: la ciudad reinventada

Por Josep Maria Montaner y Zaida Muxí, publicado en el suplemento Culturas de La Vanguardia el 10 de agosto de 2006.

La ciudad de Bogotá es un ejemplo de creatividad y de continuidad de las políticas urbanas de diferentes gobiernos. Desde el año 1994, en que ganó las elecciones municipales Antanas Mockus, el alcalde pedagogo, profesor de matemáticas y filósofo, se inició un proceso de recuperación urbana por y para los habitantes de Bogotá que hasta hoy va expandiéndose y que ha generado una ciudad moderna, que ha afrontado todos los problemas de la ciudad contemporánea partiendo de la realidad y soñando una ciudad posible para los ciudadanos reales, una experiencia apasionante, de la que se puede aprender mucho.
En un país y en una ciudad donde el miedo y la inseguridad habían hecho casi imposible la vida urbana, se planteó un ambicioso y realista proyecto de futuro. Mockus heredó una hacienda municipal muy saneada, logro del anterior alcalde, y decidió que el primer paso debía consistir en la transmisión de unos nuevos valores urbanos y de convivencia. Este profesor universitario, entre radical y liberal, entendió que las mejoras urbanas han de ir a la par con los cambios de mentalidad. Se han de hacer obras y se ha de dotar a la ciudad de un sentido social y cultural, y ambos procesos se han de planificar concienzudamente. De esta manera, las calles y los espacios públicos se convirtieron en escenarios sin solución de continuidad donde ciudadanos convertidos en actores y en mimos callejeros enseñaban cómo usar cívicamente la ciudad, empezaban a transmitir una nueva idea de vida urbana: cívica y solidaria.
En la segunda etapa, bajo el gobierno municipal de Enrique Peñalosa, llegó el momento de actuar construyendo. Se desplegó un amplio abanico de acciones que se articularon entorno a la política de creación de bibliotecas públicas; la reurbanización y recuperación del espacio público; la recuperación de las rieras que descienden de las altas montañas; la construcción de la primera línea de autobuses públicos, el Transmilenio; y la recuperación del casco fundacional, el barrio de la Candelaria.
El Plan de Bibliotecas Públicas consiste en medio centenar de bibliotecas de barrio y cuatro de grandes dimensiones. Dos de éstas han sido encargadas a los mejores arquitectos colombianos: la del Parque Simón Bolívar, proyectada por Rogelio Salmona, y la del Tintal, por Daniel Bermúdez. Este último arquitecto también es autor de la cuarta gran biblioteca y su teatro de la opera anexo, que está actualmente en proyecto.
El espacio público se ha convertido en el lugar de la convivencia urbana y las calles principales, cada domingo, se convierten en itinerario de ciclistas. Con la urbanización de las rieras se consigue enmarcar a la ciudad como espacio de paseo verde. El Transmilenio se inspira en los ómnibus de Curitiba, pero la idea se ha mejorado con dos carriles de bus en cada sentido, lo que permite que circulen diversas líneas al mismo tiempo y que puedan adelantarse, y se han diseñado unas modernas marquesinas en superficie, livianas y transparentes. La restauración y revitalización del barrio colonial de la Candelaria ha sido muy adecuada, mejorando la calidad de la vivienda, introduciendo equipamientos públicos, favoreciendo la instalación de lugares para la cultura como pequeños teatros y galerías de arte.
En la tercera etapa, nuevamente electo Antanas Mockus, se incorporó el proceso de autogestión participativa para proyectos de escala barrial. En esta ocasión la participación de los ciudadanos ha sido a través de los grupos de vecinos que toman las decisiones respecto a los proyectos de los espacios y edificios públicos de su barrio. Con pequeñas ayudas para cada barrio y sector, los ciudadanos fueron estimulados para que se pusieran de acuerdo en la decisión sobre determinados proyectos urbanos modestos pero necesarios: plazas, escaleras, pasarelas, equipamientos, jardines, etc., que serán seleccionados, proyectados, gestionados y realizados por el ayuntamiento y que cada día del año, en algún rincón de Bogotá, el alcalde iba inaugurando.

El modelo Barcelona
Además de estos proyectos barriales y cotidianos, se han promovido grandes obras estructuradotas de la ciudad, como la Alameda El Porvenir, de17 kilómetros, con tres franjas una para bicicletas, otra verde y con bancos y otra para peatones que va uniendo barrios a partir de un equipamiento emblemático como la Biblioteca Pública del Tintal. Todos los proyectos han generado un impacto muy positivo en la ciudad, siendo hoy un ejemplo de urbanismo. El llamado modelo Barcelona no ha sido copiado literalmente en sus formas y mobiliario, sino que ha sido entendido como proceso de lectura, reconocimiento, análisis y actuación en una determinada ciudad. De esta manera, en Bogotá han demostrado una ejemplaridad poco frecuente: una gran capacidad para conocer y admirar un modelo que ha sido releído en clave local. Actuando y proyectando desde y para Bogotá se ha creado, por ejemplo, un nuevo tipo de pavimento para aceras basado en el ladrillo de la zona, investigando y desarrollando una mezcla duradera de cemento y tierras, apta para el clima y atractiva visualmente. Además de ser un elemento de identidad para la ciudad, la obra pública revierte en la creación de empleo local.
En sus dos etapas de intervención, Mockus ha insistido especialmente en la calidad del espacio público como lugar esencial de la vida urbana. Para ello ha sido necesario crear muchos espacios públicos allí donde los ciudadanos lo piden y es posible, pero también es necesario velar por su calidad. Para ello desde la alcaldía se ha luchado para que no proliferen los eventos que privatizan el uso del espacio público y para controlar a los vendedores informales, incorporándolos a mercados y contenedores más permanentes. De esta manera se libera el espacio público y no se deja crecer una economía paralela que se considera una competencia desleal para la economía legal de los comerciantes.
La clave de los proyectos en Bogotá, iniciada por Mockus, ha sido la de inventar una nueva relación entre la teoría universitaria y la práctica urbana, entre el proceso intelectual de imaginar y las dinámicas sociales. Cada una de las intervenciones en la ciudad recoge una larga herencia intelectual y cultural cualificada de sociólogos, geógrafos, antropólogos, arquitectos y urbanistas colombianos.
Cada uno de los grandes proyectos como la opción de estructurar los barrios con bibliotecas fue previamente pensada desde el mundo universitario, especialmente desde el Observatorio de Cultura Urbana, formado por sociólogos, urbanistas e historiadores como Juan Carlos Pérgolis, Alberto Saldarriaga, y otros que actuaba como grupo culto pensante que iba observando, pensando y haciendo propuestas en sintonía con el Ayuntamiento: una ocasión privilegiada para pensar de raíz, desde la sabiduría y el ingenio, la ciudad contemporánea. Además del Observatorio desde otras universidades el pensamiento e investigación sobre la ciudad y sus habitantes es una constante, destacando Armando Silva con sus trabajos de resignificación de la ciudad, estudios a posteriori de los efectos de la renovación urbana, o Doris Tarchopulos y Olga L. Ceballos, quienes desde la Universidad Javeriana han estudiado a fondo la relación entre vivienda y ciudad. De esta manera, estos últimos gobiernos municipales han conseguido que una larga tradición de pensar, imaginar y construir la ciudad de Bogotá encuentre la manera de realizarse.
Uno de los enclaves de más difícil actuación eran los barrios del Cartucho y de Santa Inés, donde se ha realizado a partir de1998 el Parque Tercer Milenio, en el área urbana lindera con el centro histórico, justo alla donde Le Corbusier, Sert y Wiener presentaron entre 1947 y 1950 sus propuestas para la plaza de Bolívar, en el corazón del Plan Piloto de Bogotá, que se basó en crear grandes bulevares verdes, realizado en una ínfima parte pero presente en la ciudad centenares de veces imaginada y proyectada. Hacia el sur se extienden los barrios más desfavorecidos, habiéndose convertido en guarida de narcotráfico, venta de armas, prostitución y documentaciones falsas. La decisión fue actuar implacablemente en términos de elementos construidos, hacer desaparecer el tejido. Esta decisión de fuerte impacto y muy visible fue acompañada por una política real de redes complejas de servicios sociales para que quienes quisieran pudieran insertarse en la legalidad. Se crearon, por ejemplo, programas laborales para drogodependientes en obras públicas y reconocimiento médico con carnet médico para las prostitutas.
La última etapa, la que está ahora completándose, es la del alcalde Luis Eduardo Garzón, procedente de la izquierda colombiana y que, sin romper con la magnífica tradición urbana, ha intentado dejar su impronta con proyectos aún más sociales: su política se ha centrado en realizar nuevas escuelas y en modernizar las existentes.
Doce años de políticas públicas continuadas han hecho que la Bogotá de principios del siglo XXI sea un referente y promete una oportunidad de cambio para los habitantes hasta hace poco más olvidados.
Bogotá es hoy una ciudad admirable, espléndida y acogedora; un envidiable ejemplo para las envejecidas ciudades europeas, lastradas por la inercia y la burocracia, que pueden ver como una ciudad de recursos económicos limitados y con graves problemas de partida, pero con una gran formación intelectual, una capacidad imaginativa inagotable y una sociedad civil vitalista, se ha convertido en un laboratorio de experimentación urbana fiel a lo que sus ciudadanos desean, a la Bogotá que entre todos llevaban años imaginando y que ahora se está haciendo posible.

1 comentario:

Patton dijo...

Que bueno leer eso escrito por perosnas sin ningún tipo de apasionamiento y de un entorno diferente (lo que deduzco de sus nombres)