miércoles, 13 de septiembre de 2006

El valor de los hechos en el periodismo

A proposito de las indirectas del presidente Uribe
La supuesta información filtrada a los medios en el caso de los atentados de Bogotá y los reproches del presidente a la prensa con respecto a investigaciones que adelanta la fiscalía (alocución televisada el domingo 10 de septiembre) ofrecen una oportunidad para considerar el valor de las pruebas, los hechos y las verdades del periodismo investigativo. Un campo verdaderamente relevante para la teoría de la argumentación. Particularmente porque entraña una realidad compleja y delicada que compromete la integridad de personas e instituciones. ¿Qué determina que una filtración de la prensa pueda considerarse "investigación"? ¿Cuándo una investigación requiere filtración? ¿Qué tipo de objeciones debe tener el periodismo para investigar cuando su trabajo puede obstaculizar las investigaciones de autoridades competentes? ¿Qué distingue propiamente una filtración de una investigación?
Abordamos un campo relevante para estudio en las Facultades de Comunicación y Periodismo. Porque este caso presenta todos los ingredientes del debate público: tema, ponente y oponente. Existen hechos contundentes (carros bomba, heridos y muertos) acciones que tuvieron resultados comprobables (activar los detonantes, ordenar y cumplir con un objetivo criminal). Tenemos además jerarquía de valores: la verdad, los testimonios de testigos presenciales, la confianza pública. Valores concretos: dar la cara al país, investigar la veracidad de los testimonios, acusar a los responsables. Todavía más importante para la autocrítica de la prensa: el valor de las pruebas, la cantidad de información necesaria para calificar culpables, el tiempo y los precedentes, como parte de las pruebas que se utilizan para informar.
El presidente Uribe en su alocución estableció un sesgo diferenciado entre filtración e información. Y reprobó directamente la relación entre el investigador de la fiscalía y el periodista filtrado que obtuvo datos concretos. Tanto como sugerir investigaciones en ambos sentidos. En el televidente quedó una sensación de ligera desconfianza con el medio. Si el periodista no es calificado por una autoridad como investigador, sino como "filtrado", se devalúa su información. La semántica del concepto "filtración" tiene una connotación negativa en este caso. Relaciona indirectamente al medio con el rumor no confirmado. Y la información obtenida de las fuentes como un contenido amañado. Con lo cual se restringe el alcance de la prueba pública dada por los medios de opinión.
Sin embargo, debemos atender al carácter político del discurso presidencial. Al insistir reiteradamente en las declaraciones del fiscal general, en el sentido del carácter no concluyente ni determinante de las investigaciones, la falta de pruebas contundentes para no llamar a declarar a los inculpados, y la falta de hechos que relacionaran a éstos con los hechos sucedidos, el presidente protege su imagen y las instituciones con el testimonio autorizado del experto. Ese largo y extenso preámbulo de la alocución, acompañado del rostro sombrío tenía una finalidad retórica. Que luego le permitió atenuar para la crítica el sinsabor de los casos referidos de Guaitarilla, Cajamarca, Honda y Jamundí.
El carácter de presunción que tiene el acontecimiento criminal de Bogotá, no resta fuerza alguna al análisis que han presentado los medios sobre estos hechos. Primero, porque aunque es cierto que una persona debe ser escuchada antes que ser condenada dentro de un Estado de Derecho, también es cierto que la prensa no ha alegado plenos poderes para condenar. Queda en el aire todavía que pueda corroborarse la información. Los medios han atendido al carácter de las pruebas que manejan los organismos de seguridad encargados de controlar la investigación. Y las pruebas en derecho son controvertibles mientras no exista un fallo condenatorio. Segundo, los alcances internos y externos del caso, representan la gravedad política que se notó en el presidente, está en riesgo su programa político inmediato (seguridad democrática), la estabilidad institucional y la reputación moral de las FF. AA.
Pero el grueso de la argumentación presidencial no puede ocultar los daños. Y lo que el periodismo puede aprender en este caso importa:
-1 La noticia se debe manejar con fuentes autorizadas, pero cuando en la información se comprometen víctimas y daños a la integridad de la vida humana el periodista tiene el desafío de superar escrúpulos.
-2 La noticia debe permitir una ampliación referencial de los tipos precedentes. Y en este caso el periodismo se ha dirigido desde el acto criminal de Bogotá hacia casos relativamente apaciguados por el mandatario como los de Cajamarca y Guaitarilla
-3 La prensa ha actuado con las pruebas obtenidas dentro de un marco razonable. Si para el presidente el valor de las pruebas hasta ahora recogidas no es concluyente, para el periodismo este carácter no concluyente, no debe obligarlo a actuar con una mordaza frente a unos hechos dolorosos.
Fernando Estrada Gallego

3 comentarios:

Øttinger dijo...

Las noticias, las fuentes y los hechos que en ellas se cuentan sólo dependen de la intención de medio en el que se publican. No existe ni la imparcialidad ni nada por el estilo.

Luis Trejos dijo...

Gracias por el comentario Ottinger.
Es cierto; lo medios muchas veces pecan por estar parcializados, y al final los que pagamos los platos rotos somos quienes tenemos acceso a los mismos al recibir noticias sesgadas, falsas o incompletas. En el caso particular del Post publicado, el Gobierno no queda bien parado ante la opinion en general. Ha quedado un cierto tufillo con aroma de encubrimiento y corrupción.
Un cordial saludo

Mauricio Duque Arrubla dijo...

Luis, gracias por la disertación tan interesante