sábado, 30 de septiembre de 2006

La Movilidad y el uso del vehiculo particular en Bogotá

Una guerra sin estrategia
Mucho se ha debatido sobre las futuras troncales de Transmilenio, la viabilidad del metro, el uso de medios alternativos de trasporte y la moderación que debe existir en el uso del automóvil particular. Este ultimo tema, se ha convertido en una prioridad para el Alcalde Luís Eduardo Garzón, quien recientemente ha decidido declarar la “guerra al carro”, acusándolo de ser el gran culpable de la congestión que sufre la capital colombiana y basándose en que los automóviles sólo mueven el 18% de la población pero generan el 42% de la congestión; todo esto sin considerar que el problema va más allá e involucra la falta de planeación y voluntad política para asumir de una forma integral el tema de la movilidad en Bogotá.
De esta manera, el Alcalde ha anunciado algunas medidas encaminadas a restringir el uso del carro, junto a otras que buscan desestimularlo. Es conveniente hacer la distinción entre estas dos vías, pues la primera usaría la coerción como garante de cumplimiento, mientras la segunda la disuasión, siendo ésta más conveniente ya que involucra educación, compromiso y participación por parte de gobernantes y gobernados; en la medida en que gobernantes puedan persuadir educativamente a gobernados se crean espacios de concertación.
“Para que alguien con los ahorros de gran parte de su vida laboral logró comprar un auto, decida dejarlo en casa para, no sólo debe haber restricciones, sino alternativas…"
Se ha hablado entonces de medidas restrictivas tales como: subir el impuesto a los vehículos, cobro de altas tarifas en los estacionamientos de ciertas zonas y en las bahías (mediante parquímetros), cierre de calles en el centro de Bogotá, cobro de peajes urbanos, sobretasa al gas vehicular y aumentar en tiempo el pico y placa.
Pero aparte del ejercicio del viernes 22 de septiembre, que consistía en mostrar cómo un bus de Transmilenio con 200 personas ocupa menor espacio que 150 carros subutilizados, se han dejado a un lado las medidas educativas acompañadas de un plan estratégico que, si bien pueda desestimular el uso del carro, garantice la movilidad de todos los bogotanos.
Como se puede observar, los anuncios buscan restringir el uso del vehiculo particular, sin tener en cuenta medidas que fomenten el uso de otros medios de transporte. Para que alguien con los ahorros de gran parte de su vida laboral logró comprar un auto, decida dejarlo en casa para, no sólo debe haber restricciones, sino alternativas que le permiten movilizarse con calidad, seguridad y efectividad.
Para nadie es un secreto que las alternativas no siempre invitan a dejar el carro parqueado. El transporte colectivo, como se denomina a los buses tradicionales, es hoy de muy mala calidad: conductores no instruidos, mal estado de los buses, poco control de las autoridades y mala atención al pasajero. Transmilenio, que aunque revolucionó la forma de entender el transporte público, hoy cuenta con muchos más retos que antes, pues su calidad es cuestionada por quienes deben soportar los apretones de los buses rojos.
Es entonces imperante, que se balanceen las cargas para que cada uno de los medios de trasporte ceda espacios y ayude a generar la movilidad que la capital necesita. Los automóviles en particular, han cedido a todas las restricciones existentes: tienen pico y placa dos días a la semana, pagan parqueaderos para garantizar espacios públicos para peatones y movilidad, pagan seguro obligatorio, impuesto de rodamiento, el aumento de los precios de la gasolina, entre otra serie de gastos que su propietario asume con la dicha de pocos de haber podido “hacerse al carrito”.
El automóvil particular ya ha cumplido con gran parte de lo que le corresponde y se ha adaptado a las nuevas necesidades de los ciudadanos. Le ha dado mayor espacio al peatón y al transporte masivo, y los conductores particulares son hoy más concientes de la necesidad de respetar a los demás. De la misma manera lo han hecho varios de los trasportadores, pero si se le declara la “guerra al carro”, tal y como lo concibe la Alcaldía, se estaría perjudicando no sólo a los ciudadanos que hacen uso de éste, sino a toda una industria que genera gran parte del crecimiento y el bienestar para el país; Una industria que mueve, según el diario El Tiempo, 30 billones al año; Una industria de legalidad, que paga tributos, respeta las normas ambientales y sigue estándares de calidad internacionales.
La movilidad en la ciudad no depende de las restricciones y/o los desincentivos que se generen para limitar el uso del automóvil particular. El señor Alcalde puede seguir restringiendo a los particulares, pero mientras no se mejoren los sistemas de transporte público, no se planifiquen los proyectos de troncales para el largo plazo y no se garantice la conectividad con los pueblos aledaños, las medidas seguirán siendo insuficientes e insatisfactorias.
Algunas soluciones inmediatas aplican para zonas como el centro; Tal es el caso de la peatonalización de algunas calles (dejando algunos corredores para acercarse al centro, parquear y continuar a pie). Pero se debe también exigir a los altos funcionarios que -aunque necesitan seguridad- no tienen el derecho a dejar sus filas de carros con todos sus escoltas sobre las vías de importancia. Sus salarios son suficientes para pagar el mismo parqueadero que paga el ciudadano del común que ahorró para su carro y aún lo está debiendo.
Así pues, se deben planear obras y generar estrategias que, junto con el mejoramiento del sistema de transporte público, la malla vial y el compromiso de los transportadores, desincentiven y eduquen a los bogotanos para que gradualmente se desprendan de sus hoy necesarios automóviles, y vean las ventajas de tomar un transporte de calidad, a precios razonables, eficiente, interconectado, como el que podría ser Transmilenio si se extiende a toda la cuidad.
Claramente se trata de un proceso, pero debe ser un proyecto que lleve a imaginar una cuidad con buses rojos por cada autopista y con buses verdes por las calles intermedias y medias. Y lo más importante, si se planea, organiza y ejecuta eficientemente, no sólo llevará a desincentivar el uso del carro, sino que también aumentará la movilidad de todos los sectores sociales de la sociedad colombiana.
Miguel Granados

1 comentario:

Patton dijo...

Completamente de acuerdo. Lo del desestímulo al uso del carro no es nada nuevo. Es (por fin!!) continuar lo que hicieron sus antecesores Mockus Y peñalosa y que se empeñó en desconocer los dos primeros años de su gobierno.

Soy un convencido completo del discurso y de las políticas de los gobiernos distritales anteriores al actual ... pero estamos de acuerdo: todo sería mejor si el transporte público fuera esa alternativa al particular tan eficiente y digna que nos prometieron.

Y no lo es, por ahora. Esperemos que haya un futuro, pero lo que personalemnte veo es que transmilenio se quedó corto y debe ser un sistema complementario del metro, no el principal y único.