jueves, 7 de septiembre de 2006

La plaza de mercado y el tigre


Uno de los grandes problemas de salubridad que afrontaron las autoridades capitalinas hasta 1864, fue el del tradicional mercado de los viernes en la Plaza Mayor, luego Plaza de Bolívar. Las condiciones de desaseo en que se realizaba el expendio de los víveres eran aterradoras, y más aun cuando, concluidas las ventas, repulsivas bandadas de chulos se cernían sobre el lugar para darse su festín de desperdicios e inmundicias.
Varias veces la Municipalidad prohibió la realización del mercado en la Plaza de Bolívar trasladándolo a las de San Francisco y San Agustín; pero los tozudos mercaderes, luego de poco tiempo, retornaban a su sitio predilecto para ensuciarlo y envilecerlo como siempre.
La preocupación por este horrible foco de insalubridad en pleno corazón de la capital se tradujo en una concesión que la Cámara Provincial otorgó en 1848 al señor Juan Manuel Arrubla para construir una plaza de mercado cubierta y usufructuarla por 50 años. Sin embargo, el privilegio no se pudo explotar por falta de un lote céntrico adecuado. Al fin, en 1856, el señor Arrubla adquiríó el huerto del Convento de la Concepción, doscientos metros al oeste de la Plaza de Bolívar. En consecuencia, volvió a solicitar el privilegio; pero debido a que las condiciones que exigió resultaron inadmisibles para el Cabildo, las partes no llegaron a ningún acuerdo y el proyecto naufragó.
Por lo pronto, Arrubla construyó en el solar un circo de madera para presentar en él diversos espectáculos populares. El más memorable de todos fue uno que atrajo de manera especial la atención de los bogotanos: la lucha de un toro contra un tigre. Las opiniones estaban divididas sobre cuál de las dos fieras sería la vencedora en el combate. La mayor parte de los espectadores vaticinaba una victoria contundente del tigre agregando que, no contento con derrotar a su contendor, el felino se daría un opíparo banquete de carne taurina. No obstante, la realidad fue otra. El astado arremetió furiosamente contra el tigre sin darle la mínima oportunidad de un solo zarpazo defensivo. Ante las violentas embestidas del toro, el tigre no hizo cosa distinta de escapar lleno de pavor. Y fue así como en uno de esos brincos, el aterrado felino saltó fuera del cercado sembrando el pánico entre los asistentes, que huyeron en tropel según cuenta Cordovez Moure. Una señora que saltó de un palco de tercera fila cayó a horcajadas sobre los hombros de un caballero. Las gentes daban alaridos y divulgaban la especie de que precisamente ese tigre había sido cebado con carne de niños indígenas, por lo cual era mucho más temible. La urbe de cuarenta mil habitantes quedó desierta en pocos minutos. Las gentes despavoridas trancaron las puertas y ventanas de las casas y se armaron con lo que pudieron, incluidos cuchillos de cocina, vetustos arcabuces y antiquísimas armas blancas arrancadas de las panoplias familiares para hacer frente al tigre. A todas estas, el pobre felino, que aún no se había repuesto del susto atroz que le dieron los testarazos de su enemigo, vagaba como un perro mostrenco por las calles desoladas de la capital. Curiosamente, hubo un insólito grupo de ciudadanos a quienes no llegó el fragor de la estampida colectiva y estaban libándose unas copas en alguna cantina de la ciudad. De repente, los sorprendió el inesperado ingreso de la fiera fugitiva que, con la mayor mansedumbre fue a refugiarse debajo del mostrador, acaso creyendo que allí se salvaría de las mortíferas cornadas de su adversario. Todos entraron en pánico, menos Don Cenón Padilla quien, sin perder la calma, sacó su revólver, buscó al tigre en su improvisada madriguera y le pegó cinco tiros en la cabeza.
Finalmente, en 1861, el señor Arrubla pudo llegar a un acuerdo con la Municipalidad respecto a la plaza de mercado cubierta, emprendió la construcción y en 1864 la inauguró con el nombre de Plaza de la Concepción, permitiendo desde entonces la erradicación definitiva del mercado de los viernes de la Plaza de Bolívar.

1 comentario:

Marcos Sánchez dijo...

No creo que los problemas de salubridad fueran superados al construir una edificación para el mercado, tan asi, que se generaron nuevas ideas de salud pública o una mejor aplicación de las existentes, dando paso a un pensamiento de higiene urbana. Sería interesante que colocaras las fuentes.