viernes, 29 de septiembre de 2006

Los inicios del Teléfono


La primera línea telefónica que conoció Bogotá fue la que unió a partir del 21 de septiembre de 1881 el Palacio Nacional con las oficinas de correos y telégrafos de la ciudad. Tenía una extensión de medio kilómetro. El Conservador del 26 del mismo mes informó así sobre el trascendental acontecimiento:
“Manifiestaciones de contento patriótico se cambiaron entre los empleados y el Presidente; y una banda de música tocó alternativamente en los extremos de la línea, oyéndose las piezas con toda claridad, pues la transmisión del sonido fue perfecta.
“Próximamente estarán funcionando las líneas que, partiendo del Palacio, deben terminar en las secretarías de Estado y el Estado Mayor General del Ejército”.
Es oportuno advertir que esta línea no era de servicio público sino de uso puramente oficial.
El gran paso se dio el 14 de agosto de 1884, fecha en que el Municipio de Bogotá concedió al ciudadano cubano José Raimundo Martínez el privilegio para establecer el servicio telefónico público en la ciudad.
El contrato estipuló que el beneficiario de la concesión no podría cobrar más de cinco pesos mensuales por el servicio de cada aparato y que a las personas que concurrieran a la oficina central no se les cobraría más de cinco centavos por cada cinco minutos de comunicación. El privilegio se concedió por diez años al cabo de los cuales la empresa revertiría a la ciudad sin el pago de indemnización alguna.
A principios de diciembre del mismo año se instaló en la oficina de los señores González Benito Hermanos el primer aparato telefónico, conectado con otro que se estableció en Chapinero. Los dos estaban separados por una distancia de legua y media. “En vista del pequeño aparato de Bell, -informó El Comercio del 3 de diciembre de 1884-, no pensamos encontrar el resultado de que se nos hablaba, y declaramos que tan luego como nos pusimos en comunicación con la persona que ocupaba la otra estación, quedamos verdaderamente sorprendidos con la perfección con que se produce la traslación del sonido y la claridad con que se oyen las palabras sin que para esto se haga ningún esfuerzo ni haya necesidad de alzar la voz más de lo que cada uno usa y acostumbra ordinariamente... En nuestro concepto el teléfono será una necesidad tan imperiosa en las familias y en los negocios, como el correo y los mandaderos. Merece que todos concurran a ver esta maravilla”.
En el mismo año de 1884 se formó la “Compañía Colombiana de Teléfonos”, de la que hacían parte los señores Carlos Tanco, Nepomuceno Alvarez y Camilo Carrizosa y que en 1887 obtuvo el traspaso y prórroga del contrato concedido al cubano Martínez.
En 1885 ya había 47 líneas operando. En abril de 1887 la ciudadanía recibió la buena noticia de que el cuartel de policía tenía el número telefónico 103, al cual podía acudir en el caso de emergencia.
En 1890 se construyó la primera central telefónica, contigua a la Alcaldía y, tal como informó El Correo Nacional del 16 de enero de 1891, “sabemos que la Compañía está en posibilidad de colocar unos 250 aparatos nuevos, y por nuestra parte recomendamos a los habitantes de la capital se suscriban al servicio telefónico para dar impulso a este elemento de comodidad y civilización”. Según El Correo Nacional del 10 de mayo de 1892, a inicios de ese mes la Compañía repartió el primer directorio telefónico de la capital, en el que aparecían 456 suscriptores. Para ese momento se hacían en Bogotá un promedio de 2.000 llamadas diarias, de acuerdo con El Criterio del 2 de junio.
En octubre de 1900 se produjo otro traspaso. La “Compañía Colombiana de Teléfonos” vendió sus derechos e instalaciones a “The Bogotá Telephone Co.”, firma inglesa que obtuvo su privilegio por cincuenta años. En ese momento ya había 720 suscriptores en la capital.

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