viernes, 1 de septiembre de 2006

Panorama Urbano del siglo XIX


La Bogotá de comienzos del siglo XIX tenía una extensión considerable para su número de habitantes a causa de que las casas eran bajas y extensas, con varios patios y solares, ya que la multitud de iglesias y conventos ocupaban una superficie en extremo considerable.
El área poblada de la ciudad comprendía el terreno que se extiende entre las actuales calles 3a. y 24, de Sur a Norte, y de la carrera 2a. a la 13, de Oriente a Occidente.
A lo largo de todo el siglo XIX, esta área urbana casi no creció a pesar de que la población se quintuplicó entre comienzos y finales de siglo, como resultado de una utilización más intensiva del espacio urbano gracias a un paulatino achicamiento de las nuevas casas construidas y, sobre todo, a la subdivisión de muchas de las ya existentes.
La carencia total de parques y jardines públicos estaba holgadamente suplida por los amplios patios, huertas y solares de las casas donde había abundancia de árboles, arbustos y cultivos caseros de hortalizas y otras plantas.
Precisamente fue sobre estos huertos y solares y gracias a la subdivisión de viejas casonas como se pudieron construir la mayoría de las nuevas viviendas que durante el siglo XIX dieron albergue a una población que se multiplicó por cinco, mientras el radio de la ciudad apenas crecía.
Con la excepción de Egipto y Las Cruces, donde sus moradores vivían en ranchos pajizos, los proletarios y artesanos capitalinos habitaban en «tiendas», o cuartos de alquiler, en los cuatro barrios tradicionales de la ciudad.
Finalizando el siglo XIX, la capital no había variado sustancialmente sus límites con relación a las postrimerías de la Colonia. Hacia el Norte, sin embargo, se advertía ya un cambio que tenía lugar más allá de la Recoleta de San Diego: lentamente se estaba poblando el caserío de Chapinero, especialmente con casas y quintas de recreo.

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