sábado, 7 de octubre de 2006

La moda en el siglo XIX

Los años iniciales del siglo XIX trajeron consigo cambios radicales en la indumentaria de los santafereños, que fueron mucho más ostensibles después de la Independencia, debido en buena parte al advenimiento de gentes extranjeras que aportaron nuevos usos en este campo.
Fue el colapso de las pelucas típicamente dieciochescas, los peinados femeninos que a menudo alcanzaban alturas extravagantes, los pantalones a la rodilla combinados con medias largas de seda, los zapatos de pomposas hebillas doradas y plateadas y los sombreros tricornios.
Puede decirse que la moda tendió a hacerse más informal con las levitas, los pantalones largos, los zapatos de charol y los altos sombreros de copa. Los viajeros foráneos anotaban aquella tendencia bogotana, que perduró hasta hace pocos años, de preferir el negro en los trajes. Son también interesantes las apuntaciones del francés Le Moyne en este sentido:
“La gente del pueblo ... no tiene cama y duerme por lo general en el suelo encima de una estera o de una piel de toro y no se quita para acostarse la ropa que ha llevado puesta durante el día... Los hombres no llevan más que una camisa, calzón de tela de algodón muy gruesa, una ruana de lana y sombrero de paja. La ruana, que se usa en toda la América del Sur por los campesinos y gentes del pueblo, la llevan en las ciudades también las personas de la alta sociedad para sustituir con ventaja la capa, en especial cuando montan un caballo para ir de viaje, o aunque sólo sea para salir al campo”.
Se llamaba “orejones” a los campesinos de la Sabana debido a su inveterada costumbre de usar debajo del sombrero de jipa un pañuelo rabo de gallo cuyas puntas asomaban por los lados semejando dos grandes orejas de conejo. Los viernes, días del tradicional mercado bogotano, la ciudad se veía invadida de “orejones”, especialmente en la Plaza Mayor.
En cuanto a los esclavos, éstos usaban calzones, camisas y ruanas listadas. Los indios vestían con marcada preferencia de algodón, tal como los hallaron Quesada y sus hombres. Andaban descalzos o de alpargatas. Este rudimentario calzado popular era el que usaban la mayoría de los soldados. El calzado era sin duda el distintivo más claro de las clases sociales.
El viajero francés Le Moyne describe minuciosamente un fenómeno que lo impresionó en las clases populares: las temibles niguas, que con tanta sevicia atormentaron a los conquistadores españoles.
Cuenta el autor cómo el hábito de andar descalzos o malamente protegidos con sandalias o alpargates exponía a las gentes pobres al asalto despiadado de los crueles afanípteros, que se les introducían bajo la piel de las extremidades y les depositaban allí sus huevos causándoles ulceraciones y escozores infernales.
Hay otra anotación del francés Boussingault que merece destacarse. Es la que hace alusión a las prostitutas, las cuales, en un gesto casi desafiante andaban a pie descalzo pero con la condición de que, para lucir más coquetas, se colocaban gruesos y vistosos anillos en los dedos de los pies lo cual suscitaba la secreta envidia de las señoras y doncellas de la clase alta.
Es también interesante la descripción que hace Don José María Cordovez Moure de la pobre vestimenta de los estudiantes bogotanos, incluidos los bartolinos y rosaristas. Estaba generalizada la creencia de que los estudiantes debían pasar sus años de claustro dentro de la más rigurosa austeridad, por lo cual los infelices iban a las aulas sin ropa interior ni calcetines. Los zapatos eran tan burdos que se podían poner en ambos pies sin distinción de izquierdos ni derechos. Algunos usaban babuchas de tafilete y otros los simples alpargates. Se protegían la cabeza con unos sombreros alones y muy ordinarios que eran conocidos como “panza de burro”. Completaba el atuendo el llamado “capote de calamaco”. Esta especie de gran tabardo tenía dos enormes bolsillos donde los estudiantes depositaban longanizas, mendrugos, patacones, panelitas de leche, cuajada, tamales y una vela de sebo envuelta en telas de cebolla colorada que, según la tradición estudiantil, era el mejor suavizante para las manos contra los ferulazos y palmetazos de los maestros desalmados.

4 comentarios:

Patton dijo...

de nuevo, razones para valorar y agradecer el haber nacido ahora y no antes. Aunque supongo que era cuestión de costumbre.

Luis Trejos dijo...

Gracias por el comentario patton;
Ciertamente eran las constumbres de la epoca, lo mas probable es que en el futuro nuestros nietos se burlen y asombren de la manera tan ridicula en que nos vestiamos en estos tiempos actuales.
Un cordial Saludo.

Anónimo dijo...

Muy a pesar de los que adoran los nuevos tiempos y el paso del mismo transformandolo todo, hubiera preferido vivir en esas epocas donde al menos una si se vestia, los tiempos cambian...ya me vere en unas decadas caminando totalmente desnuda por que esa es la moda...(para alla vamos jajaja)

Anónimo dijo...

hola me gustaria saber q vestia La gente de pueblo, vamos los campesinos del siglo XVIII. gracias.