jueves, 9 de noviembre de 2006

El Banco de Bogotá

El año de 1871 parte en dos la historia de la banca colombiana. Fue cuando dicha institución, después de todos los tropiezos, caídas, vicisitudes y altibajos que ya conocemos, alcanzó su auténtica mayoría de edad con la fundación del Banco de Bogotá. En ese año culminaron las gestiones previas de un grupo de dinámicos empresarios bogotanos que reunieron el capital necesario para la constitución del banco.
Para el despegue exitoso de la institución fue decisivo el apoyo oficial. En efecto, el Gobierno autorizó al banco para emitir billetes y los aceptó como dinero en pago de los impuestos y rentas nacionales; igualmente, depositó en él los fondos de la Tesorería Nacional. Mas al firmarse la escritura de constitución del banco, las acciones inscritas alcanzaban apenas la suma de $235.000.
No era todavía muy grande la confianza en la solidez y larga vida de las instituciones financieras, pero a la vez, seguía haciéndose cada vez más patente la necesidad de su existencia y sus servicios.
Ante la falta de bancos a nadie sorprendía avisos como el siguiente, aparecido en el Diario de Cundinamarca, del 12 de julio de 1870:
“DINERO. El rector del Colegio de Nuestra Señora del Rosario tiene $1. 000 del establecimiento para colocar a interés sobre la primera hipoteca de una finca de buenas condiciones, y siempre que la persona que los quiera tomar sea de buenas cualidades morales,- mientras más satisfactorias sean éstas más largo será el plazo.” Tales situaciones ya no eran compatibles con un mercado de producción y demanda en ampliación constante, donde el capital se reproducía en escala cada vez mayor, como era el caso de la economía colombiana desde las reformas de medio siglo y desde que se estaban estrechando progresivamente las relaciones comerciales con el mercado mundial.
El éxito del Banco de Bogotá fue extraordinario desde el principio y ello contribuyó de manera decisiva a captar para la institución la confianza del público. En el momento de su primer balance semestral, el 30 de junio de 1871, los accionistas sólo habían pagado la suma de $ 47.000 sobre los $ 235.000 de capital suscrito.
No obstante, el banco ya tenía en cuentas corrientes y depósitos $ 384.731, además de los fondos de la Tesorería que llegaban a $846.120. Se habían descontado obligaciones por $ 1'014.980 y emitido $ 151.000 en papel moneda de los cuales estaban en circulación $ 132.165.
Al cierre del primer ejercicio semestral, y luego de constituir las debidas reservas, el banco distribuyó un dividendo del 14% entre sus accionistas, lo cual lo convertía en una de las empresas más rentables del país.
Al culminar el primer año de operaciones el capital suscrito había subido a $ 500.000, el pagado a $ 100.000 y las acciones habían experimentado una apreciable valorización. Al cabo de su tercer año de vida circulaban $ 564.600 en billetes emitidos por el Banco de Bogotá, lo que pone en evidencia cuán ávida estaba la capital de dinero fiduciario para apoyar el ritmo de transacciones económicas que en ella se realizaban.
Era perfectamente presumible que el buen suceso del Banco de Bogotá estimulara a más empresarios para crear otra institución financiera semejante. Así nació, en abril de 1875, también en esta capital, el Banco de Colombia, cuyo éxito fue similar al de su colega.
Al mes de fundado ya tenía $ 670.000 de capital accionario suscrito y $ 65.800 de pagado; $ 320.000 en cuentas corrientes y depósitos y $ 78.055 en billetes emitidos.
En este mismo año el capital suscrito en el Banco de Bogotá ya llegaba a $ 2'500.000.
En otras palabras, se había decuplicado en cinco años y sus acciones se cotizaban con un 100% de prima.

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