viernes, 15 de diciembre de 2006

Los Cerros de Bogotá en el Siglo XIX


Los comienzos del siglo XIX fueron tiempos marcados por la Ilustración, época de enorme interés por las ciencias, especialmente en Europa. En nuestro territorio este movimiento intelectual llegó a través de figuras como José Celestino Mutis, que emprendieron proyectos científicos de gran envergadura y que, según algunos historiadores, fueron el germen de los movimientos independentistas.
A finales del siglo XVIII se inicia la denominada "Expedición Botánica" (1783 1816), que cuenta con numerosos seguidores.
En 1801 llega Humboldt, quien es recibido por Mutis y enterado de todos los avances de la Expedición. El único testimonio físico que de esta época conserva hoy la ciudad es el Observatorio Astronómico, construido bajo el auspicio de Mutis y lugar permanente de trabajo del sabio Caldas.
Cuando Humboldt estudia los cerros de Monserrate y Guadalupe identifica, bastantes especies nuevas, y en uno de sus apuntes escribe: “sobre una capa vegetal negra como la de los Alpes suizos, la montaña de Monserrate es más pobre en vegetales, más árida, más caliente que Guadalupe"
Aunque existió gran interés por las nuevas especies encontradas en la sabana, por los nuevos descubrimientos y por su valor comercial, no hubo un interés particular por los cerros como conjunto natural. Con estos movimientos científicos, reflejos de la ilustración europea, no se valoraron las cuencas ni tampoco se levantó en detalle un inventario de la flora de los cerros de la ciudad, por lo que resulta difícil determinar su incidencia en el conjunto de la Expedición. Además, a comienzos de este siglo, los cerros estaban desprovistos de naturaleza y se encontraban altamente erosionados, sometidos como habían estado a una fuerte explotación de leña, piedras y arena desde la fundación de la ciudad.

Sólo a mediados de siglo se despertó un primer interés por su vegetación y se realizaron algunas campañas de arborización y prohibición de la tala en las cuencas de los ríos, debido sobre todo a los problemas de abastecimiento de agua. Lo anterior se puede comprobar en la iconografía y planimetría de la época, respaldadas por las impresiones de los diferentes cronistas que visitaron a Bogotá y que coincidieron en varios aspectos, entre otros en la sorpresa por su extremo aislamiento de los mares, su gran altura, su cercanía a los cerros tutelares, el gran tamaño de éstos y su aspecto "gris y desolador".
"Al oriente se levanta la serranía que limita la Sabana, llena de quiebras, ondulaciones y colinas, especie de muralla colosal, cubierta de un verde sombrío, que defiende el caserío de los fríos vientos de Oriente; en ella abundan sitios salvajes y los puntos de vista encantadores. En las cumbres de estos cerros una vegetación raquítica, pequeños bosques casi vírgenes, de color oscuro y severo, dispersos en grupos irregulares, cierran el paisaje. Abajo en las colinas y faldas salpicadas de habitaciones, se ve el alegre tapiz de gramíneas, que se continúa en la vasta extensión de la Sabana”.
A pesar de los embates de la Ilustración, la vida citadina en el siglo XIX continuaba siendo muy sencilla y prácticamente no existía ningún tipo de evento que sacara a los capitalinos de su rutina diaria. Las plazas continuaron siendo el punto de encuentro y de actividad de la ciudad.

La Plaza Mayor
, en torno a la cual se concentraban las autoridades civiles y eclesiásticas, las viviendas más importantes y, desde mediados del siglo, el edificio comercial de las Galerías de Arrubla, era el corazón de la ciudad.
Por esto la ausencia de parques y jardines, así como de proyectos para la construcción de algún tipo de espacios recreativos en la periferia, no fue prioridad de la administración durante la mayor parte del siglo. Es decir, a pesar del crecimiento poblacional y de los grandes cambios industriales y sociales sucedidos en otras partes del mundo, la sociedad bogotana continuaba viviendo el mundo colonial.
Sin embargo, los paseos a las afueras de la ciudad eran costumbre arraigada desde la Colonia. Los bogotanos realizaban con especial afluencia visitas a Chapinero, al sur y a los cerros de la ciudad, a estos últimos con mayor asiduidad en el mes de agosto para aprovechar los vientos y hacer volar las cometas. Sobre los cerros predominaban las subidas a Agua Nueva, Egipto y Belén, además de las consabidas peregrinaciones a Monserrate y Guadalupe.
Según testimonio de la época, "La devoción ha construido capillas sobre las faldas de la cordillera al pie de la que está situada Santafé, las ermitas de Belén, Egipto, Guadalupe y Monserrate. Estas dos últimas las más elevadas, están separadas por un valle estrecho, formado al parecer por un temblor de tierra. Es más un valle que una garganta. Las capillas de Guadalupe y Monserrate se divisan desde la entrada de la Boca del Monte, y uno cree ver dos fortificaciones que dominan la ciudad".
Sin embargo, desde la perspectiva de la urbanización, los cerros prácticamente no fueron transformados, por el contrario, se seguían considerando un territorio no apto para el crecimiento urbano, la parte de atrás de la ciudad, el lugar de habitación de la población más pobre y, por tanto, predios con poco valor. La misma fuente anterior da cuenta de este territorio abandonado por la ciudad. "Como dato curioso diremos que desde los lejanos tiempos coloniales, hasta 1861, se enterraban los suicidas en un agreste sitio, en las faldas del Guadalupe, llamado Las Tapias de Pilatos".

5 comentarios:

CaRoLiNa dijo...

Hola Luis!!

Pasando de visita a actualizarme un poquito. Qué buena historia ésta de nuestros cerros. Ojalá que los sigan considerando 'territorio no apto para el crecimiento urbano' y no sigamos teniendo sorpresitas de esas que hablan de licencias aprobadas para contruir en ellos.

Un abrazo muy grande y Feliz Navidad si no nos leemos pronto.

CaRoLiNa dijo...

Hola Luis!!

Pasando por aquí para actualizarme.

Qué bueno ésto sobre la historia historia de nuestros cerros.

Ojalá se siguieran considerando 'territorio no apto para el crecimiento urbano' y no nos sigamos encontrando sorpresitas como esas de las licencias de construcción aprobadas.

Un abrazo y feliz navidad por si no nos leemos pronto.

CaRoLiNa dijo...

Hola!! Uy, Noto que se me fue el comment anterior dos veces, y bueno, aquí viene el tercero.

Como no tienes cajita, aprovecho para dejarte mi saludito de navidad aquí, esperando que todo lo que deseas te sea concedido con creces!!

Abrazo de Navidad.

Anónimo dijo...

Hola:

Muy interesante la historia . . . sin embargo me queda una duda acaso los Trejos no son de Caldas?

Luis Trejos dijo...

Gracias por el comentario Mr L2, efectivamente mis ancestros familiares por parte paterna son de Riosucio Caldas, particularmente mi Padre se radico en Bogotá desde muy joven en la decada de los 40, y pues este servidor si es rolo de pura cepa. Espero haberte sacado de dudas.
De cualquier manera no se necesita ser Bogotano para querer a esta ciudad tan hermosa y acogedora. No te parece??
Un cordial saludo, y una muy Feliz Navidad.