sábado, 24 de febrero de 2007

La Bogotá Prehispanica


Sobre el origen concreto de los Muiscas hay diversidad de tesis. Una es la posibilidad de la inmigración de procedencia oriental (Brasil y Venezuela). Otra es la de que, habiendo poblado primeramente los Llanos, remontaron la cordillera y se asentaron en las tierras altas. Otra contempla una posible inmigración procedente de la América Central. De igual forma esta la tesis de un origen cuzqueño, vale decir, que los primitivos chibchas hayan sido núcleos desplazados de esas zonas meridionales hacia el Norte.
Pero lo cierto es que en todo el continente americano no se han encontrado hasta ahora vestigios de civilización rudimentaria alguna más antiguos que los hallados en El Abra, no lejos de Zipaquirá, y en la región del Tequendama. Allí se han localizado restos humanos, fragmentos de cerámica, guijarros y utensilios toscos. A estos hallazgos se les ha calculado una antigüedad que, como queda dicho, no tiene precedentes: entre diez y once mil años.

Es un hecho comprobado que la sede del Zipa o centro del gobierno no estaba situada en el mismo lugar en que el adelantado Jiménez de Quesada fundó a Santa Fe. Aquí, como en todos los aspectos relacionados con la historia chibcha, los investigadores entran en un terreno forzosamente deleznable debido a un hecho fundamental que, toda vez que se da, extravía a la historia en un limbo de conjeturas, contradicciones y especulaciones: los chibchas no desarrollaron el arte de la escritura. Sin embargo, con base en los insustituibles testimonios de los cronistas y algo de tradición oral, pacientes y rigurosas investigaciones han llegado a situar con bases muy serias al poblado de Funza como sede del Zipa, y más exactamente, el lugar denominado “La Ramada” o “Catama”, en las inmediaciones del actual municipio de Funza, vale decir, a escasos tres kilómetros al Sudeste del mencionado municipio.
Es claro que a la sagaz comprensión de Jiménez de Quesada no escapó la evidencia de que este lugar, distante del abrigo de las montañas, desprotegido y anegadizo, no era el más adecuado para fundar el asentamiento urbano con que el Adelantado soñaba desde que divisó el Valle de los Alcázares.

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