sábado, 10 de febrero de 2007

La Creación del Día y la Noche


Una vez que las aves de Dios cumplieron la mágica faena de despojar con su aliento sobrenatural las tierras del Chibcha de los elementos que las mantenían bajo el helado imperio de la muerte, quiso Chiminigagua darles el principio de la vida a través del calor, creando para ellas el rayo vivificante del sol, llamado Zúhe.
Pero al cabo de corto tiempo se percató el Dios de que los fulgores incesantes de su criatura estaban empezando a calcinar la tierra, malogrando así la obra de las aves prodigiosas.
Entonces mandó a Zúhe que se recatase detrás de las montañas y reposase oculto en tanto que sobre la línea del horizonte asomaba la otra creación asombrosa de Chiminigagua: la luna, llamada desde este instante Chía, suave y amable contrafigura de Zúhe, con la cual advino la noche, y con ella la tonificante tregua que ya necesitaban con apremio las tierras.
A partir del nacimiento de Chía, ella y Zúhe comenzaron el día con la noche, asegurando así vida y fertilidad para las comarcas del Chibcha.

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