miércoles, 21 de marzo de 2007

El maíz y la carne entre los Muiscas


El cultivo del maíz en nuestro continente es antiquísimo, hasta el punto de que se cree que puede remontarse a tres mil años A.C. Los avances y la progresiva tecnificación en dicho cultivo fueron para los primitivos americanos una saludable revolución económica y social y un impetuoso salto hacia adelante en sus formas de producción.
El paso de la horticultura de raíces, como la típica yuca, a la agricultura del maíz, implicó ese cambio revolucionario por varias razones.
Las raíces tienen una vida efímera. Se descomponen si son almacenadas por largo tiempo, al contrario del maíz, que sí puede almacenarse por largo tiempo sin sufrir deterioro. Por consiguiente, las raíces exigen un consumo rápido, en tanto que el cultivador del maíz puede acumular excedentes para efectos comerciales.
El esfuerzo físico que requiere el maíz para brindar rendimientos de asombrosa abundancia es ciertamente mínimo. Nuestros aborígenes llegaron a obtener el maíz necesario para un año con sólo cien días de trabajo.
Por ello se considera que esta combinación de factores (esfuerzo limitado y alta productividad) es el elemento fundamental de la civilización del maíz. De ahí que las civilizaciones más desarrolladas que encontraron los españoles en el Nuevo Mundo, entre ellas la Muisca, mostraran el común denominador de contar con el maíz como una de las bases esenciales de su organización económica y social y de haber alcanzado logros notables en la técnica de su cultivo y utilización.
La alimentación de los Muiscas en materia de carnes era abundante y variada. Lagunas y ríos, entonces felizmente exentos de las mortíferas basuras e inmundicias de hoy en día, proveían auténticas cornucopias de peces, a cuyos cardúmenes acudían los chibchas para abastecerse de ellos y comerlos.
Los cronistas encomiaron con largueza la calidad y sabor de dichos peces. Igualmente son numerosas las referencias que se hallan en las crónicas acerca de la infinita cantidad de venados que poblaron nuestra Sabana, muchos de los cuales erraban silvestres por estas tierras. La carne de estos esbeltos cérvidos fue también parte de la alimentación muisca, aunque Rodríguez Freile afirma que era manjar exclusivo de caciques y que, por ende, estaba vedada al pueblo llano.
También comían algunas variedades de roedores, llamados “fucos” o “curíes”, los cuales abundaban y eran atrapados con relativa facilidad debido a la proverbial rapidez con que siempre se han reproducido.
En cuanto a aves comestibles, cuenta Pedro Simón que las cazaban con grandes redes. En todo caso, importa destacar el hecho de que para proveerse de carne, los chibchas debían recurrir a la caza, ya que no habían llegado a la domesticación de animales.
La única y bien curiosa excepción es la que anota Jiménez de Quesada, quien refiere que en algunas casas halló perros domésticos, pero con la extraña condición de que “no sabían ladrar”.

1 comentario:

Laurentina dijo...

Bem o milho é um alimento básico em quase todo o mundo .
Um bom artigo gostei da pesquisa.
Beijão grande