sábado, 3 de marzo de 2007

Familia y sucesión de los Muiscas


Entre los Muiscas estaba institucionalizada la poligamia sin límites precisos. Sólo había uno, automático y muy sabio: el hombre podía tomar para sí cuantas mujeres le permitiera la magnitud de su peculio. De ahí que el mejor abastecido de tan preciado tesoro fuera el Zipa, al que Fray Pedro Simón llegó a calcularle unas trescientas compañeras.
El adulterio estaba penado con la muerte, pero antes de inmolar a la infiel estaba prescrita una ordalía muy pintoresca, cuyo resultado final era reputado como infalible para determinar la inocencia o culpabilidad de la acusada
Se celebraba una ceremonia especial en la cual la sospechosa era obligada a devorar cantidades ciertamente mortíferas de ají crudo. La desventurada empezaba a masticar estas crueles bocadas de fuego mientras emitía gemidos lastimeros los cuales, por supuesto, no conmovían a los jueces. La presunta adúltera seguía abrasándose fauces y entrañas en tanto que el tribunal aguardaba, impasible, el desenlace.
En caso de que la víctima, ya doblegada por el suplicio, confesara su real o supuesto delito, le calmaban los ardores con copiosas libaciones de agua y en seguida la ejecutaban. Si, por el contrario, llegaba hasta el término señalado para el tormento soportándolo con heroica entereza, se presumía su inocencia, se le impartía la absolución plenaria y se le brindaba un espléndido desagravio. Pero, no obstante el temible aparato punitivo que gravitaba sobre las mujeres que faltaban a la fidelidad conyugal, los caciques no tenían plena confianza en que los hijos que les daban sus esposas fueran realmente engendrados por ellos.
En consecuencia, entre los chibchas prevaleció la línea matrilineal para la sucesión de los jerarcas, pese a que, dentro de la poligamia chibcha, la primera mujer gozaba de cierta preeminencia sobre las demás y, por lo tanto, era más confiable su fidelidad.
En términos más concretos, el heredero del cacique tenía que ser hijo de una hermana suya, en cuyo caso, no podía haber duda alguna respecto al parentesco con dicho cacique. En caso de que faltara el sobrino nacido de la hermana, el procedimiento para elegir al sucesor era en apariencia extraño, aunque no exento de una fina sabiduría.
El procedimiento consistía en colocar a dos de los más bizarros y fornidos guechas frente a una doncella, escogida también entre las más hermosas de la comunidad. Tanto los dos guerreros como la bella debían comparecer a la trascendental ceremonia completamente desnudos. Los encargados de emitir el fallo debían estar atentos a las reacciones de los mancebos frente a la perturbadora catadura de la doncella. Si uno de ellos, o ambos, mostraban en sus partes nobles la mínima excitación ante los encantos de la dama, eran eliminados en el acto por considerarse que una vulnerabilidad tan inmediata a las fuerzas seductoras de la mujer los incapacitaba para un ejercicio recto de los altos menesteres del gobierno.
Sólo el que pasando por la sobrehumana prueba lograra mostrar una total impasibilidad en las zonas más sensibles de su cuerpo, se juzgaba como apto para suceder al cacique. Resulta aquí interesante anotar cómo a una distancia inconmensurable en leguas y en siglos, los cronistas del bíblico libro de los Jueces nos legaron la ejemplar historia del gigante Sansón, matador de fieras montaraces e invicto debelador de filisteos que, finalmente, abatido por los hechizos de la insidiosa Dalila, revela a la daifa el secreto de su indomable fuerza, siendo así traicionado y entregado, impotente, en manos de sus enemigos.

Los chibchas, más avisados, se precavieron, mediante la ya descrita ceremonia, contra la perfidia de todas las Dalilas imaginables y posibles.

3 comentarios:

Patton dijo...

Interesante lo de que desde entonces nuestras mujeres aprendieron que para ser buenas infieles debías ser cínicas.

Explica muchas cosas.

Y muy sabios nuestros ancestros, con lo de la "pruebita" de templeza.

luis dijo...

Que milagraso Patton, estabas medio perdido, pero bueno, lo importante es el regreso.
Generalmente quien es infiel es cínico, tanto con la pareja como con sigo mismo.
Lo de la prueba de templanza realmente se uso también como tortura en diferentes imperios de la antiguedad
Un cordial saludo

Patton dijo...

siempre lo leo luis ... lo que pasa es que casi nunca hay mucho que agregar a sus muy completos e interesantes posts.