lunes, 12 de marzo de 2007

Practicas religiosas de los Muiscas



Nuestros antepasados aborígenes fueron un pueblo profundamente religioso y de un celo intenso y severo en el ejercicio de las prácticas litúrgicas. Tenían claro el concepto de la vida ultraterrena, así como el de las recompensas y castigos a que el ser humano se hacía acreedor después de la muerte por sus acciones buenas o malas en la vida.
Los
justos, entre quienes se contaban siempre los caídos en guerra y las mujeres que morían en el parto, iniciaban para toda la eternidad una vida de placeres, holganza y ausencia total de sobresaltos y aflicciones. Por su parte, los impíos eran acosados, perseguidos y vapuleados sin tregua ni misericordia.
La creencia en la vida inmortal del espíritu estaba tan arraigada que se hacia evidente desde el ritual mismo del sepelio. A los muertos se le extraían las tripas, a fin de poder utilizar el espacio que dejaban estas para rellenarlo con oro y esmeraldas. Eran igualmente previsivos en cuanto a las necesidades del difunto en su viaje hacia ultratumba, por lo cual lo avituallaban generosamente, colocando en la sepultura óptimas provisiones de viandas y bebidas.
Si el finado tenía rango de cacique, era ley que aquellos servidores y mujeres que hubieran gozado de su predilección lo acompañasen en el viaje póstumo. En consecuencia, se les enterraba con él. Pero con el objeto de evitarles los rigores de una muerte lenta y atroz, eran sumidos en un sopor profundísimo mediante la ingestión de diversos zumos narcóticos y embriagantes que les aseguraban el tránsito de la inconsciencia a la otra vida sin las horrendas agonías del enterrado vivo.
La religión Muisca establecía la práctica de sacrificios humanos. Las víctimas eran mancebos muy jóvenes de quienes se exigía, para aspirar al privilegio de ser inmolados a los dioses, no haber tenido contacto carnal alguno. Si se averiguaba que el mozo había conocido mujer, era desechado en seguida por considerarse que el ayuntamiento sexual lo hacía indigno de ser sacrificado. Los jóvenes eran mantenidos en los santuarios y cuidadosamente preservados para su destino último, que llegaba cuando alcanzaban la edad en que se juzgaba que habían adquirido ya la potencia necesaria para la cópula carnal.
Se les denominaba “mojos” y eran capturados entre los enemigos vencidos en guerra o comprados a precios muy elevados en tribus vecinas.
Una vez consumado el sacrificio, los cadáveres eran expuestos al sol, debido a la creencia de que en esa forma la suprema divinidad los devoraba, con lo cual la cruenta ceremonia cumplía a cabalidad su misión propiciatoria.
Poseían y veneraban una gran cantidad de ídolos domésticos que los cronistas hallaron muy semejantes a los romanos.
Profesaban, además, veneración por sus lagunas, a las que creían residencia de dioses y en cuyas orillas celebraban sacrificios y ofrendas. Estas últimas consistían a menudo en oro y esmeraldas. Además, las aguas de las lagunas eran utilizadas para las abluciones rituales de los párvulos recién nacidos, de las doncellas que llegaban a la pubertad y de los varones que iban a ser consagrados como sacerdotes.
Estas ceremonias siempre eran precedidas por severos ayunos de varios días durante los cuales los penitentes se abstenían de lavarse, así como de practicar relaciones sexuales.
Una vez que terminaba la práctica del rito, procedían a bañarse en las lagunas, utilizando a manera de jabón unas frutillas denominadas “guabas”.
Puede decirse, en suma, que buena parte de la vida religiosa de los chibchas giraba en torno a las lagunas, hasta el punto, digno de destacarse, de que, en determinadas ocasiones, ciertos personajes principales recibían sepultura en el fondo de sus aguas.
El culto de los chibchas a las lagunas se ha atribuido a la tradición, según la cual, sus aguas fueron el origen de la vida humana, cuando de ellas emergieron Bachúe y su hijo para dar origen a la especie.

2 comentarios:

alex_fsc dijo...

Que bien encontrar en la blogosfera personas que se preocupan por qué conozcamos de donde venimos, de esta forma sabemos para donde vamos. Saludos desde Bogotá [+] que DC

luis dijo...

Gracias por el comentario Alex_fsc, muy cierto y acertado al decir que sabiendo de donde venimos, podremos saber hacia donde vamos.
El objetivo fundamental es crear conciencia sobre el pasado para que no olvidemos nuestros ancestros y orígenes, pues un pueblo sin memoria, es un pueblo sin historia.
Un cordial saludo