miércoles, 25 de abril de 2007

Los dos centros de Santafé


Se ha creído que la plaza que los españoles llamaron “de las Yerbas” (hoy parque de Santander) era un sector próximo al cercado del Cacique, conocido por los muiscas como Teusaquillo.
Hay indicios de que allí celebraban los naturales mercados periódicos de mucha actividad. Parece, además, que en la ermita rústica que se levanto en el costado Noroccidental se dijo la primera misa y que sólo en 1539 se formalizó la fundación con todos los requisitos tradicionales hispánicos y se dio comienzo al trazado de la ciudad a partir de la Plaza Mayor.
Un
factor que dio especial preeminencia a la Plaza de las Yerbas fue que en su contorno se establecieron las dos primeras órdenes religiosas que se afincaron en Santafé: San Francisco y Santo Domingo. También se cree que el Cabildo funcionó por los lados de esta plaza, aunque no hay certeza de ello: lo único positivo es que muy pronto éste se pasó a la Plaza Mayor.
Otro aspecto que comprueba la importancia que tuvo desde sus comienzos la Plaza de las Yerbas es que muchos de los principales personajes fijaron allí su residencia, empezando por el adelantado Don Gonzalo Jiménez de Quesada, fundador de la ciudad, que se instaló en el costado Oriental de la plaza, con base en lo cual podríamos afirmar hoy que Don Gonzalo fue el precursor del Jockey Club, y que desde entonces la aristocracia santafereña y bogotana tendió a fijar y mantener su cuartel general en ese lugar.
Al lado opuesto de la plaza estuvo otro de los fundadores y distinguido lugarteniente de Quesada, el capitán Juan Muñoz de Collantes. También residió por un tiempo en la Plaza de las Yerbas Hernán Pérez de Quesada.
Dado el relativo desarrollo de la Plaza de las Yerbas, el río San Francisco se convirtió en un obstáculo para el tránsito, que era preciso vadear. De ahí que, muy poco después de la fundación, se construyó el precario puente de madera que se llamó de San Miguel.
No obstante que desde 1539 la Plaza Mayor fue oficialmente diputada como tal, no fue, como en otras ciudades contemporáneas y análogas del continente, el gran centro aglutinador de la nueva urbe. Por el contrario, dado que la Plaza de las Yerbas rivalizaba con ella, puede decirse que la ciudad tuvo en sus primeros tiempos una configuración bipolar.
Ello explica la activa circulación que tuvo desde el principio la vía que las enlazaba (Calle Real, luego carrera 7a., entre calles 10 y 16). La Catedral, que al comienzo hubiera podido dar preeminencia a la Plaza Mayor, no se la dio puesto que su primera fábrica no fue más que una humilde iglesia pajiza. Por su parte, el mercado seguía efectuándose en la Plaza de las Yerbas.
En 1553, el obispo Fray Juan de los Barrios comenzó a levantar en un lote de la Plaza Mayor otra Catedral más acorde con su jerarquía. Hasta esta época en que existe una voluntad de relievar su papel intrínseco, la Plaza Mayor se mantuvo como “área de pastoreo de cerdos y caballos”. A partir de entonces se sucedieron los hechos que fueron inclinando la balanza hacia el lado de la Plaza Mayor.
En
1554 el Cabildo ordenó el traslado a ella del mercado semanal. Al año siguiente llegó allí, y con sede propia, la Real Audiencia. Y en 1557 se dio al servicio el puente de San Miguel. En esa forma, Santafé cumplía el destino de todas las ciudades hispanoamericanas de la Colonia que, según el urbanista francés Ricard, “son plazas mayores rodeadas de calles y casas”.
El urbanismo hispanoamericano tiene como su pieza fundamental el poder de atracción de una plaza mayor. En ella se concentran, hipertrofiadamente, las principales funciones urbanas. En un mismo recinto funcionan los centros comercial (plaza de mercado), gubernamental (casas reales), religioso (templo matriz), y residencial (agrupación en su rededor de las “casas principales”). También servía como escenario de las fiestas públicas y religiosas. Esta aglomeración de diversas gravitaciones es única dentro del urbanismo y fue diseñada para reforzar el poder cohesivo en un poblamiento muy sutil e impresionantemente extenso, como lo fue el del imperio español en América.

La Plaza Mayor
de Santafé, a pesar de conservar su plena jerarquía, tuvo una orientación hacia el Norte, lo cual fue el comienzo de un centro “lineal” que partía de ella y acababa en la Plaza de San Francisco, como se denominó a partir de 1557.
Además de sus atribuciones socieconómicas, la Plaza Mayor de Santafé tendría un elemento que la individualiza entre sus pares latinoamericanas. A su extensión (106 metros de lado) se agregaba su dimensión vertical. La Plaza Mayor de Santafé es la única plaza inclinada de las capitales de los países latinoamericanos, la de Cuzco, que también tiene pendiente, no lo es en grado semejante a la de Santafé.
Por esta peculiaridad, desde el atrio de la Catedral, los santafereños pudieron disfrutar de una magnífica vista.

1 comentario:

Patton dijo...

buenísimo, muy revelador eso de la plaza de las yerbas.