viernes, 22 de junio de 2007

La Real audiencia


La instalación de la Real Audiencia de Santafé, en 1550, fue un acontecimiento decisivo en la historia de las instituciones del Nuevo Reino de Granada. Hasta ese momento dicho territorio dependió de la Audiencia de Santo Domingo. Por lo tanto, al crearse la de Santafe el vasto territorio del Nuevo Reino quedó separado de la jurisdicción de Santo Domingo.
La instalación de la Audiencia significó el inicio de la creación de un poder supralocal que intentaba someter, sostenido en una juridicidad y en una visión nacional, el particularismo encomendero.
El advenimiento de la Real Audiencia puede considerarse como el relevo del período turbulento de la Conquista y del imperio arbitrario de sus grandes capitanes, por el de las instituciones y el ordenamiento jurídico. En otras palabras, las audiencias trajeron a estos reinos en una forma mucho más concreta y definitiva la presencia de la autoridad real.
Igual que el Consejo de Indias, las audiencias americanas estaban organizadas como autoridades colegiadas. En un principio se componían de cuatro oidores y un fiscal. En forma rotativa cada año un oidor debía realizar viajes de inspección administrativa y judicial por las provincias que estaban sometidas a su jurisdicción.
Tenía como modelo las cancillerías reales de Castilla; no obstante, las audiencias que operaron de este lado del océano recibieron poderes mucho más amplios que sus similares metropolitanas. La Corona comprendió muy bien que era preciso dotar a las audiencias de las indias con la autoridad necesaria para hacer frente a poderes de facto tan fuertes y arrogantes como el de los conquistadores, para quienes todos los metales y todas las tierras de América no bastaban para recompensar sus trabajos, luchas, esfuerzos y sacrificios en la conquista del Nuevo Mundo.
Por otra parte, frente a la Iglesia las audiencias tenían plenos poderes para designar jueces de instrucción y fallar en querellas sobre el derecho de patronato real y otras regalías de la prole. Inclusive estaba permitido presentar a las audiencias recursos de apelación contra normas y disposiciones promulgadas por virreyes y gobernadores.
En resumen, la misión de las audiencias en la primera fase del régimen colonial fue en esencia salvaguardar el ordenamiento jurídico de estos reinos y representar eficazmente en ellos la autoridad real.
En el intento por representar la soberanía del Rey, sus funcionarios muchas veces usufructuaron de su posición y crearon otro núcleo adicional de interés. De ahí la complejidad y prolijidad de las primeras luchas, de sus frecuentes pugnas y conflictos tanto con la Iglesia como con los cabildos.
El 7 de abril de 1550 fue la fecha histórica en que se estableció la Real Audiencia en Santafé. Componían su primera nómina los oidores Juan López de Galarza, Beltrán de Góngora y Miguel Díaz de Armendáriz. Como fiscal fue nombrado Pedro Escudero, como escribano Alonso Téllez, como regidor mayor Juan de Mendoza y como portero Gonzalo Velásquez.
Una cédula real expedida en julio de 1549 dispuso y ordenó minuciosamente todos los detalles del protocolo que debería rodear la instalación de la Audiencia, así como la entrada a la ciudad del Sello Real, símbolo supremo de la potestad monárquica. El recibimiento de dicho Sello por parte de la Audiencia era una clara representación de cómo este alto tribunal recibía en delegación la plenitud de la autoridad del Rey. En consecuencia, el Sello Real hizo su entrada solemne en la ciudad sobre el lomo de un caballo espléndidamente enjaezado y protegido por un palio. Alrededor del Sello marchaban los regidores portando las varas que simbolizaban su autoridad. El Sello fue depositado con el mayor respeto en la sede de la Audiencia, que entonces estaba en la Plaza de las Yerbas (hoy Parque de Santander). Esta sede fue provisional puesto que pronto la Audiencia se trasladó a una casa en el costado Sur de la Plaza Mayor. En esta forma los habitantes de Santafé fueron por primera vez testigos de una pomposa representación pública destinada a dar a los vasallos ultramarinos una idea visible y tangible de la Majestad Real.
Durante sus primeros años de funcionamiento la Audiencia se dedicó de manera febril a toda suerte de tareas encaminadas a organizar y reglamentar la vida y las actividades de los granadinos. Cabe destacar cómo en todo momento mantuvo entre sus prioridades esenciales la protección de los indígenas en cuanto a tributos y servicios personales. Se iniciaba así una lucha larga y encarnizada entre los antiguos conquistadores y nuevos encomenderos, y la autoridad real respecto a los naturales. Bien sabido es cómo para los primeros los indios no eran nada distinto de bestias de carga en tanto que para la Corona, aquí representada por la Real Audiencia, los nativos tenían que ser considerados y tratados como vasallos libres de la monarquía. Ya hacía casi medio siglo que Isabel la Católica había fijado y sentado las bases de este pensamiento eminentemente humanitario en el texto de su última voluntad, dictado en el Castillo de La Mota en 1504.
Lógicamente, la autoridad de la Real Audiencia no era omnipotente. Por el contrario, su funcionamiento estaba celosamente vigilado por la Corona a través de visitadores, en cuya conducta se vieron todos los matices, puesto que a la par con algunos que se distinguieron por su probidad y rectitud a toda prueba, los hubo también despóticos, corruptos y prevaricadores. Su intervención y sus conflictos llenaron de chismes la ciudad. Muchas veces dividieron a Santafé en dos partidos.
Hubo casos como el de un oidor Mesa que fue degollado en la Plaza Mayor por el mismo verdugo que él había contratado. En esta primera época hubo no pocos oídores que fueron enviados presos a España por faltas supuestas o reales.
Todos estos factores contribuyeron a enredar y a dificultar la administración pública y fueron muchas las oportunidades en que la Audiencia tuvo que avenirse a las presiones del poder local representado por el Cabildo u otras fuerzas locales. La Audiencia no fue en esta primera época tan sólo el instrumento inflexible de la ley y de la de la voluntad real. En muchos asuntos tuvo que ceder a los intereses creados y transar con ellos su definición.
Puede decirse que los grandes asuntos y problemas respecto a los cuales titubeó a menudo la autoridad de la Audiencia fueron: Tasación de los tributos indígenas, legislación sobre el trabajo indígena (servicios personales, movilización,. etc.), repartición de tierras en la Sabana, relaciones con el Cabildo y jurisdicción sobre el gobierno ciudadano.

Durante esta primera época el Cabildo tuvo una intervención más política que administrativa. En su afán por asegurar intereses y prerrogativas, faltaron fondos y voluntad de administrar la ciudad. Ante este vacío, la Audiencia llevó la iniciativa en muchos puntos.

2 comentarios:

Colombianita dijo...

Uy la clase me esta quedando grande profe; lo que pasa es que no puedo "estudiar" aqui en mi oficina porque el telefono, el jefe, etc., no me dejan concentrar. Por eso tengo que esperar a llegar a la casa, y coger mi portatil para poderte leer. Muy interesante todo, estoy feliz con mi clase universitaria. Estoy aprendiendo un monton! Que pase un feliz fin de semana profesor :)

Luis Trejos dijo...

Gracias por la visita y el comentario Colombianita; me alegra mucho que te agraden los post sobre la historia de la ciudad, igualmente yo disfruto mucho al escribirlos.
Como va la situación con tu "fantasma"?
Un cordial saludo desde Colombia