viernes, 27 de julio de 2007

El manejo administrativo


En la época del descubrimiento de América los cabildos habían perdido su potestad para nombrar en forma autónoma a los alcaldes. Sin embargo en América, aunque con ciertas restricciones, sí la conservaron.
El
día 1 de enero se celebraba, después de una misa solemne, la elección del Alcalde y demás cargos como Alguacil, Depositario General, Mayordomo y Procurador General. Todos estos cargos tenían una duración exacta correspondiente al año que se iniciaba.
La votación se hacía en un forma tranquila y ordenada conforme a reglamentos muy precisos que establecían, por ejemplo, que los regidores votasen por su antigüedad comenzando por el más antiguo y acabando en el menos antiguo y que cuando se estuviese votando se promulgase el voto.
Una vez realizada la elección se pasaba ésta a la Real Audiencia. Como casos curiosos podrían citarse algunos conflictos que surgieron en elecciones de alcaldes entre los cuales se destacaría el de la elección del futuro prócer Camilo Torres, oriundo de Popayán, cuya designación estuvo a punto de ser impugnada por no ser considerado “vecino de la ciudad”. Los partidarios de la candidatura de Torres contra argumentaron poniendo de presente no sólo las eximias calidades del personaje, sino el hecho de estar residiendo continuamente en Santafé desde catorce años atras.
De 1592 data la costumbre de poner en venta algunos cargos municipales. Fue éste uno de los arbitrios de que se valió el Cabildo para procurarse algunos ingresos extras que pusieran remedio parcial a su precaria situación económica. Entre los casos más notables de venta de cargos está el del capitán Lope de Céspedes, quien compró en 1592 el de Alférez Real por la voluminosa suma de 2.200 pesos oro. Resultaba tan elevada esta cuantía que el Cabildo le dio facilidades de pago consistentes en una cuota inicial de 450 pesos y el resto en dos cuotas pagaderas la primera de ellas en la navidad de 1595 y la segunda en la navidad del año siguiente. Otros cargos llegaron a venderse a precios tan bajos como de 80 y 100 pesos. Sin embargo, el sistema de venta que generalmente prevaleció fue el de adjudicación de cargos al mejor postor.

Las tareas administrativas del Cabildo podían dividirse en cuatro grandes áreas:

a) gobierno y policía urbana
b) protocolo y ceremonias
c) asuntos religiosos
d) economía.

En principio la ciudad se dividió en parroquias. A fines del siglo XVI había cuatro: La Catedral (1538), Santa Bárbara (1585), Las Nieves (1585) y San Victorino (1598). Estas parroquias dieron lugar a idéntica división en barrios para efectos administrativos.
Ya en esa época se había establecido una especie de policía primitiva que ejercía funciones de vigilancia especialmente en las noches. Pero las funciones policivas del Cabildo no se limitaban al área urbana, sino que abarcaban grandes extensiones rurales. En el siglo XVI el organismo puso especial interés en vigilar el camino de Honda que, como bien lo sabemos, era la arteria única y vital que comunicaba a Santafé con el resto del Nuevo Reino y el mundo. En esos tiempos aún se daba el caso de que bandas de indios Panches asaltaran las caravanas que transitaban por esa vía. Estos cuerpos de patrullaje rural fueron organizados de conformidad con el esquema español de la Santa Hermandad. Esta institución fue creada en España en el siglo XIV y los Reyes Católicos, a finales del siglo XV, la robustecieron de tal manera que su presencia fue respetada y temida en todos los caminos y zonas rurales de la península.
En
1559 se estableció la Santa Hermandad en esta capital con varias finalidades, entre las que se destacaban la protección de los indios contra los abusos de los españoles y la persecución y castigo de los salteadores. También se propuso esta institución acabar con las contiendas internas de los indígenas, muchas de las cuales se mantenían y prolongaban debido a que no faltaban traficantes españoles que les vendían armas blancas y de fuego. En las instrucciones que recibieron los llamados alcaldes de la Santa Hermandad se les advertía que “no consientan que unos naturales se maten a otros ni se coman como lo tienen de uso y cesen entre ellos guerras y guazabaras”.
En el área urbana las funciones policivas de vigilancia se ejercían fundamentalmente de noche por grupos armados que comandaba un alguacil. Este patrullaje se hacía particularmente necesario debido a que a partir del atardecer la ciudad quedaba sumida en la más absoluta tiniebla lo cual, lógicamente, facilitaba toda clase de inmoralidades y delitos. Desde mediados del siglo XVII empezaron a operar en la Calle Real diversos establecimientos de comercio que muy pronto se convirtieron en un cebo especialmente atractivo para los ladrones. Esta circunstancia determinó que, con el apoyo económico de los comerciantes, se creara un cuerpo especializado de serenos. El reglamento de esta institución era muy concreto respecto a las oscuras y lluviosas noches santafereñas:
“Como las noches oscuras y lluviosas son las más proporcionadas para los robos aumentará el cabo en éstas su cuidado y vigilancia colocándose de modo que sin mojarse observen todo lo que pasa a cuyo fin será lo mejor que todos lleven buenas ruanas de agua con otra blanca encima y sombrero de ala grande con su hule o encerado y si fuesen calzados con alpargatas sería lo mejor para su salud y destino ... cuando vean pasar gente sospechosa no precederán a reconocerla pero sí estarán en observación sin perderla de vista y hasta que se separe o salga para otra parte. Si se observare que alguno anda con herramientas en las puertas cerradura o candados de las casas tiendas o aplican fuego a la puerta lo aprehenderán ínmediatamente”.
Además, los centinelas de la ronda iban armados de pistolas, sables y lanzas.
Hasta mediados del siglo XVIII la ronda, los alguaciles, la justicia y la Iglesia fueron los sustentos del orden urbano. Para esta época, Santafé empezó a dejar de ser la aldea que fue; transpasó la barrera de los 15.000 habitantes y ganó en complejidad y dominio sobre su entorno rural.
Para 1774 se produjo el primer estatuto urbano que intentó abarcar y reglamentar la mayor parte de los asuntos urbanos. Se llamó “Instrucción para el gobierno de los alcaldes de Barrio de esta ciudad de Santa Fe de Bogotá" Por medio de esta instrucción se dividió la ciudad en ocho barrios y cuatro cuarteles, situando al frente de cada barrio un Alcalde de Barrio con poderes de policía, vigilancia y supervisión sobre los habitantes de su jurisdicción.
Los ocho barrios eran básicamente la subdivisión de las cuatro parroquias existentes hasta 1774:

1) La Catedral
2) El Príncipe
3) Santa Bárbara
4) San Jorge
5) Palacio
6) Nieves Oriental
7) Nieves Occidental
8) San Victorino

Es la primera vez en la cual las consideraciones del gobierno civil predominan sobre el eclesiástico. La agrupación básica deja de ser parroquia para convertirse en barrio. La mayoría mestiza y la limitación de los vínculos laborales y religiosos hacía necesarias medidas de Policía civil.
El Cabildo intentó y se preocupó muy especialmente por ejercer un control riguroso sobre la población flotante que formaban inmigrantes de diversas índole y procedencia. Decía un documento de la época, justificando la necesidad de este control que “abundan pequeñas casas y asesorías con nombre de chicherías donde se abrigan multitud de forasteros y gente vaga que sin ocupación ni ejercicio son perjudiciales al gobierno interior de la República”.

También fueron funciones de estos alcaldes de barrio identificar las calles con sus respectivos nombres y obligar a los vecinos a numerar, por primera vez en la historia de la ciudad, manzanas, calles y casas. Igualmente hicieron los primeros padrones de habitantes de los cuales resultó una ‘matrícula de vecinos’. Los habitantes de la ciudad quedaron obligados a dar aviso a los respectivos alcaldes en caso de traslado a otro barrio y de los huéspedes foráneos que admitieran.
Estos severos controles iban dirigidos a que “se descubran los que se hallaren sin destino, los vagos y mal entretenidos, los huérfanos y muchachos abandonados de sus padres o parientes; también los pobres mendigos de ambos sexos “. Había un capítulo especialmente dirigido a los indios “sin destino, sin permiso de sus superiores que se ocultan en esta ciudad fugitivos de sus pueblos con detrimento de sus familias, de su educación cristiana y aún del interés real”. En estos casos se ordenaba aplicar de inmediato la pena de prisión.

2 comentarios:

ZIPEO dijo...

Que buen post Luis, me transporto en la historia de mi Bogota. Gracias y saludos desde Londres. Una pregunta Luis...en Bogota tenemos registro si como en las grandes ciudades como Londres, alguna vez sufrimos por inmigracion?.. y me refiero obviamente a inmigracicon diferente a la espanola...Me surge la pregunta por que siendo Bogota, en epocas anteriores entrada a suramerica, mas de uno se quedaria alli. Gracias Luis.

Persio dijo...

Tu brillante post me hizo pensar en los caciques municipales del s.XIX en España.

Un saludo