lunes, 26 de febrero de 2007

El origen del nombre Bogotá


Pocos han de ser los Bogotanos de los comienzos del siglo XXI, habitantes de esta megalópolis apabullante, que alguna vez se hayan detenido a preguntarse cuál fue el origen de la palabra con que se nombra y designa su capital.
Algunos piensan que es una deformación de Bacatá, que traduce "final de los campos" lo cual no es exacto, puesto que, curiosamente, dicho vocablo sólo vino a entrar en circulación en el siglo XIX y fue totalmente desconocido antes.
Otros sostienen que Bogotá viene de “Bogote", que era uno de los títulos dados al poderoso Zipa, aunque también se llamaba así a la capital, indistintamente con “Muequetá” lo cual significa "campo de tierra plana"

sábado, 24 de febrero de 2007

La Bogotá Prehispanica


Sobre el origen concreto de los Muiscas hay diversidad de tesis. Una es la posibilidad de la inmigración de procedencia oriental (Brasil y Venezuela). Otra es la de que, habiendo poblado primeramente los Llanos, remontaron la cordillera y se asentaron en las tierras altas. Otra contempla una posible inmigración procedente de la América Central. De igual forma esta la tesis de un origen cuzqueño, vale decir, que los primitivos chibchas hayan sido núcleos desplazados de esas zonas meridionales hacia el Norte.
Pero lo cierto es que en todo el continente americano no se han encontrado hasta ahora vestigios de civilización rudimentaria alguna más antiguos que los hallados en El Abra, no lejos de Zipaquirá, y en la región del Tequendama. Allí se han localizado restos humanos, fragmentos de cerámica, guijarros y utensilios toscos. A estos hallazgos se les ha calculado una antigüedad que, como queda dicho, no tiene precedentes: entre diez y once mil años.

Es un hecho comprobado que la sede del Zipa o centro del gobierno no estaba situada en el mismo lugar en que el adelantado Jiménez de Quesada fundó a Santa Fe. Aquí, como en todos los aspectos relacionados con la historia chibcha, los investigadores entran en un terreno forzosamente deleznable debido a un hecho fundamental que, toda vez que se da, extravía a la historia en un limbo de conjeturas, contradicciones y especulaciones: los chibchas no desarrollaron el arte de la escritura. Sin embargo, con base en los insustituibles testimonios de los cronistas y algo de tradición oral, pacientes y rigurosas investigaciones han llegado a situar con bases muy serias al poblado de Funza como sede del Zipa, y más exactamente, el lugar denominado “La Ramada” o “Catama”, en las inmediaciones del actual municipio de Funza, vale decir, a escasos tres kilómetros al Sudeste del mencionado municipio.
Es claro que a la sagaz comprensión de Jiménez de Quesada no escapó la evidencia de que este lugar, distante del abrigo de las montañas, desprotegido y anegadizo, no era el más adecuado para fundar el asentamiento urbano con que el Adelantado soñaba desde que divisó el Valle de los Alcázares.

jueves, 22 de febrero de 2007

Otras Deidades


Además de los ya mencionados, la mitología chibcha veneraba otros dioses, no muy numerosos, por haber sido dicha mitología, en términos generales, estrecha y reducida. Entre tales dioses podemos destacar los siguientes:
Cuchaviva, Dios del aire y del arco iris. Su importancia radicaba en que era el pregonero de las calamidades futuras, por lo cual a menudo le eran tributados sacrificios humanos, así como ofrendas en oro y piedras preciosas.
Nencatacoa, llamado también Fo o Fu, era un Dios amable, simpático y propicio. Era el patrono de la chicha y también bajo sus auspicios trabajaban los tejedores y demás artistas. Solían representarlo con caracteres zoomorfos, a veces como oso y otras como zorro. Era su costumbre mezclarse con las gentes durante las actividades de construcción y practicar con ellas copiosas libaciones de chicha. Las únicas ofrendas que recibía eran de ese licor.

También son dignos de mención Chaquén, protector de los grandes ceremoniales y Chibafruime, Dios considerado como menor y consagrado a los menesteres de la guerra.

miércoles, 21 de febrero de 2007

Revocatoria, solo con reforma

LA COLUMNA DE OPINET
El Congreso es la entidad más repudiada, y con justa causa.

Bien dice Mauricio Cárdenas (en su libro Introducción a la economía colombiana) que uno de los factores que más inciden en el progreso de un país es la calidad de sus instituciones.
Por cierto que el Congreso, el mayor órgano legislativo, es acaso la institución más mediocre del país hace décadas, y su deplorable funcionamiento ha traído la ruina a otras instituciones y al país entero. Por eso, lo de la 'parapolítica' es apenas una coyuntura en un maremágnum de depravación; si fuera que una entidad pulquérrima hubiese sido manchada por el paramilitarismo transgresor, no cabría duda de su necesaria renovación, pero como no es así, habría que realizar también una transformación estructural y no quedarse solo en golpes de pecho y rechinar de dientes.
El Congreso es la entidad más repudiada por los colombianos y con justa causa. Es el antro que reúne todos los males de este país y al que casi siempre se llega de manera espuria, comprando votos con plata, puestos, contratos, adobes, tejas, tamales...
A él se llega acumulando poder y se llega para tener más poder, para apropiarse de los recursos del Estado, para privatizarlos a costa de los demás colombianos, haciendo de cuenta que se trabaja por ellos, sacando leyes por kilos y debatiendo hasta el sexo de los ángeles para que este país de pendejos que somos creamos que ahora sí están trabajando, que este Congreso sí es "admirable", como dijera aquel Cicerón caldense que fuera ministro.
Por eso, la idea de cerrarlo convierte en héroe a quien la promulgue, y muchos lo hacen porque es una idea popular y políticamente rentable. A otros les suena, en el entendido de que eso podría afectar la gobernabilidad y la confianza y provocar estragos en la economía, que hagan devolver el péndulo político. A eso le apuestan. Sin embargo, el asunto no es saludable si es para tener después más de lo mismo, si no es para hacer cambios profundos, radicales.
Lo cierto es que revocar el Congreso para componer otro solo sería útil con profundas reformas que ningún partido está dispuesto a hacer y a las cuales se oponen todos con argumentos triviales en unos casos y complejos en otros, pero nunca convincentes: la realidad es tozuda.
El tamaño del Congreso es algo que debe reformarse. Dos cámaras, haciendo lo mismo, es pura duplicidad de funciones, simple y llano despilfarro.
Eliminando el Senado de un plumazo, son cien vividores menos comiendo caviar a expensas del pueblo.
El costo de sueldos y pensiones ya no admite discusión. Que los sueldos bajen a la mitad y las pensiones no superen los 25 salarios mínimos vigentes. Que el nuevo Congreso cueste la mitad y el ahorro se aplique directamente a dar media pensión a ancianos que no la tienen. Eso no va a alcanzar para todos, pero es mejor invertir la plata en la gente que echarla por esa alcantarilla.
Que se eliminen vicios como el carrusel; que solo se pueda renunciar en caso de enfermedad y con reemplazo definitivo; que quien no tenga una razón justa para dimitir pierda derecho a la pensión y que se pierda su curul.
Que se ponga límite al tiempo que se puede ser congresista: más de 16 años, o cuatro periodos, es un exabrupto, y que los parientes de quienes salen queden inhabilitados por ocho años para llegar al Congreso; hay que impedir las sucesiones electorales, que solo esconden corrupción.
Llegar allá no puede ser una vara de premios. Aparte de las negritudes y los indígenas -circunscripciones especiales-, los demás deben acreditar estudios de pregrado o postgrado en áreas como Economía, Ciencia Política o Derecho.
En fin, el recetario es largo y no hay espacio. El hecho es que para que Colombia tenga un Congreso calificado es preciso ejecutar una reforma profunda. Pero ninguna de estas propuestas es viable mientras dependa de la decisión de los mismos congresistas. El problema no es el paramilitarismo, sino el sistema que favorece la corrupción.

Saúl Hernández Bolívar

martes, 20 de febrero de 2007

Pecado y Expiación


Desgraciadamente, la persistencia de las normas que Bochica trazó para su pueblo se fueron relajando y perdieron consistencia con el tiempo.
El golpe mortal a las pautas morales del Gran Maestro fue asestado por una mujer de perturbadora belleza, llamada Huitaca, que irrumpió misteriosamente en las comarcas muiscas y, utilizando en forma insidiosa y artera su endemoniado poder de seducción, enseñó a las gentes los encantos del pecado y las encauzó por los senderos fascinantes de la beodez, la molicie y la concupiscencia.
De modo que donde hasta entonces reinaron la austeridad y las virtudes que sembró el buen Bochica, florecieron con feracidad incontenible todas las depravaciones y los vicios de que es capaz la criatura humana.
Tan espantable cúmulo de perversidades suscitó la indignación de Chibchacum, Dios de la Sabana, quien, a semejanza del implacable Yahvé bíblico, lanzó sobre los impíos el horrendo castigo de las aguas, sólo que en este caso no hubo agrupación alguna de justos que pudiera navegar dentro del arca solitaria y en medio de la borrasca homicida.
El colérico Chibchacum anegó totalmente la Sabana y los supérstites buscaron refugio en las cumbres de las montañas, donde la más inclemente hambruna hizo toda suerte de estragos entre los Chibchas.
Pero felizmente para ellos, el magnánimo Maestro se apiadó de sus tribulaciones y tornó a aparecer ante ellos entronizado en un arco iris muy similar a aquel con el cual, al término del diluvio, Jehová anunció la gran alianza con Noé y la estirpe que nacería de su semilla.

Y fue entonces, cuando aproximándose ya la extinción del pueblo chibcha bajo el azote inmisericorde del hambre, Bochica llegó hasta los confines occidentales de la Sabana, extrajo de su manta la vara de operar prodigios y, golpeando con ella las más duras rocas, las hendió como si fuesen hechas de la más blanda materia imaginable, de modo que a través del cauce recién abierto fluyeron impetuosas las aguas de la inundación, formando el torrente del río Funza y la cascada majestuosa que desde entonces fue llamada Tequendama.
Alborozados, los chibchas recuperaron sus tierras, abjuraron de los vicios pretéritos y calmaron sus hambres pertinaces con los frutos que el suelo recobrado tornó a ofrecerles tan copiosamente como antaño.
Pero Bochica quiso llegar más lejos en su faena justiciera y fue así como impuso dos castigos muy severos: a la pérfida Huitaca, a quien el pueblo había identificado con Chía, la dejó convertida en una noctámbula lechuza. Y a Chibchacum, en pena por haberse excedido en el rigor con que hizo padecer a su pueblo, lo condenó a cargar para siempre el mundo sobre sus hombros.
Afirmaba la tradición chibcha que cuando la tierra temblaba, sus estremecimientos sísmicos se debían a que el fatigado Chibchacum se pasaba el Universo de un hombro para otro.

sábado, 17 de febrero de 2007

El Advenimiento del Gran Civilizador


Bochica, llamado también Nemterequeteba (maestro de tejedores), fue identificado por las tradiciones chibchas con el mismo Zúhe (el Sol).
Hizo, pues, su aparición por el Oriente, mostrando una catadura ciertamente luminosa. Andaba apoyándose en un bordón y lucía una brillante barba nívea que le llegaba hasta el cíngulo con que se sujetaba su túnica de algodón.
Fue recibido con profundas muestras de respeto, el cual se fue trocando en auténtica veneración a medida que el sabio y bondadoso emisario de Chiminigagua les fue enseñando el arte de hilar, tejer, coser y estampar sus indumentarias, así fundo las bases de la ética, la justicia, la religión y las norias esenciales de la organización social.
Y una vez que buen Nemterequeteba juzgó que su doctrina ya había irrigado todas las capas de su pueblo, en la misma forma silenciosa en que había llegado, se ausentó sin que nadie lo advirtiera, dejando en las gentes una honda congoja por su desaparición, y la huella de sus enseñanzas fundamentales.

viernes, 16 de febrero de 2007

Petrobras Música y Energía llega a Bogotá


Luego de un espectacular concierto en el Estadio monumental de River Plate de Buenos Aires Argentina al que asistieron cerca de 50.000 personas, Petrobras Música y Energía llega a Bogotá.
Esta será la segunda edición de este espectacular evento itinerante de música latina que luego estará en Brasil.

El próximo sábado 10 de marzo el Parque Simón Bolivar será el escenario en donde se presentarán más de 10 artistas internacionales y nacionales en un show ininterrumpido de cuatro horas con los artistas más importantes del momento.
Chayanne, Paulina Rubio y David Bisbal ya confirmaron su asistencia. Cada uno llegará al país con su staff completo de músicos y bailarines para presentar al público colombiano todos sus éxitos.
En los próximos días se estara confirmando la participación de más artistas para este gran evento.
Próximamente se podrán adquirir las entradas para este evento ingresando a tuboleta.com, o llamando al 5936300 o marcando # 593 desde cualquier celular.

martes, 13 de febrero de 2007

Cuando el agua fue un inmenso vientre materno


Ya, gracias al hálito fecundante de las aves maravillosas y a la aparición de Zúhe y Chía, se daban las condiciones propicias para la fiesta de la vida en las tierras del Chibcha.
Pero aún no había germinado criatura viviente alguna que las poblara, recorriera y cultivara. Entonces, la voluntad soberana de Chiminigagua se dirigió hacia la laguna de Iguaque, de cuyas aguas apacibles emergió una mujer cuyos pechos turgentes y desnudos simbolizaban la fecundidad.
Por
eso se llamó Bachúe. Con ella salió a la superficie un niño de tres años.
Madre e hijo abandonaron las aguas y edificaron en tierra una casa, donde aguardaron hasta que el párvulo creció y alcanzó la edad viril.
A esta sazón, Bachúe y su hijo se ayuntaron y en poco tiempo su cósmica fecundidad pobló el Mundo.
En cada parto Bachúe daba a luz de cuatro a seis vástagos. Finalmente, la suprema pareja creadora llegó a una venerable senectud y tomó la ruta y querencia de su origen.
Convocaron a su pueblo en torno de la laguna materna, le predicaron las excelencias de una vida virtuosa y de respeto y acatamiento a los dioses, y en medio de la congoja y la aflicción de todos los presentes, entraron en las aguas y se sumergieron en su seno para luego mostrarse de nuevo en la superficie transformados en serpientes.
Las gentes atribuyeron este milagro a Chiminigagua y desde entonces estos reptiles fueron sagrados entre los chibchas.
A Bachúe la recordaron en adelante como Furachogue (la buena mujer) y las mujeres buscaron las orillas de las lagunas para parir a sus hijos.

sábado, 10 de febrero de 2007

La Creación del Día y la Noche


Una vez que las aves de Dios cumplieron la mágica faena de despojar con su aliento sobrenatural las tierras del Chibcha de los elementos que las mantenían bajo el helado imperio de la muerte, quiso Chiminigagua darles el principio de la vida a través del calor, creando para ellas el rayo vivificante del sol, llamado Zúhe.
Pero al cabo de corto tiempo se percató el Dios de que los fulgores incesantes de su criatura estaban empezando a calcinar la tierra, malogrando así la obra de las aves prodigiosas.
Entonces mandó a Zúhe que se recatase detrás de las montañas y reposase oculto en tanto que sobre la línea del horizonte asomaba la otra creación asombrosa de Chiminigagua: la luna, llamada desde este instante Chía, suave y amable contrafigura de Zúhe, con la cual advino la noche, y con ella la tonificante tregua que ya necesitaban con apremio las tierras.
A partir del nacimiento de Chía, ella y Zúhe comenzaron el día con la noche, asegurando así vida y fertilidad para las comarcas del Chibcha.

jueves, 8 de febrero de 2007

El Verbo Divino de los Muiscas


La tierra del chibcha era desde siempre el imperio de las tinieblas, del vacío y del silencio de la muerte.
Aguas
letales la cubrían y por sobre las aguas flotaba una niebla densa y caliginosa. Valles, mesetas y montañas yacían sin vida bajo esta yerta y vasta sepultura.
Hasta que un día, el primero de este Génesis americano, el omnipotente Chiminigagua, Dios de Dioses y fuerza suprema, creó y sacó de sí millares de vigorosas aves negras y les confirió el divino poder de disipar las grandes masas nebulosas con el soplo irresistible que despedían sus picos.
Y fue así como al paso alado de las aves, fueron abriéndose anchos senderos de luz entre la niebla, que ante la impetuosa arremetida de los heraldos de Chiminigagua, se fue replegando hasta su extinción definitiva. Porque lo que arrojaban de sus picos poderosos los pájaros del Sumo Creador eran torrentes infinitos de luz, de vida y de energía.
Entonces, así como el Verbo esencial fue consagrado por Juan, el Evangelista, como la simiente y el motor de todo lo creado en la Escritura Hebrea, en las tierras del Chibcha también el Verbo Divino, hecho fuerza hacedora en los picos de las aves celestiales, obró el portento de la Creación.

lunes, 5 de febrero de 2007

El comienzo de la historia


A pesar de haber sido fundada por uno de los pocos conquistadores letrados que conoció el Nuevo Mundo, circunstancias confusas rodearon el nacimiento de Bogotá. Tuvo al menos dos fundaciones: la primera y oficial, el 6 de agosto de 1538, que algunos, desde una perspectiva legalista consideran espúrea por cuanto no se rodeó de los requisitos corrientes, tuvo que ser completada con otro acto, el 27 de abril de 1539.
La carencia de una cultura urbana entre los muiscas no permitió tender un puente de continuidad, ni influir en el diseño básico de la ciudad que se fundara en 1538. A pesar de sus avances en otros aspectos, los muiscas de la Sabana tan sólo lograron estabilizar tenues aglomeraciones de caseríos alrededor de la vivienda del Zipa. Por esto, la historia estrictamente urbana de Santafé comprende un horizonte casi exclusivamente hispánico.
La ciudad se asentó en medio de los muiscas, una de las culturas indígenas más desarrolladas y populosas del Nuevo Reino. Si en materia urbana la impronta indígena no tuvo mayor repercusión, su alta concentración en la Sabana sí tuvo consecuencias directas e indirectas en la definición de características globales, tanto en términos sociales como culturales. Hizo posible la edificación de un tren de vida señorial mediante la reducción de los aborígenes a una condición servil, tanto en el campo como en la ciudad. Al igual que en otras ciudades andinas, esta situación permitió crear una altiva casta de “vecinos” que utilizó las dignidades ciudadanas para su propio beneficio.
El avance real de la Santafé recién fundada fue bastante lento. En contraste, una vez ganó el status de capital, las distinciones asociadas a tal rango se sucedieron rápidamente y, en menos de 15 años, obtuvo todos los honores de gran ciudad. Con la concentración de las dignidades judicial, gubernamental y religiosa en continuo aumento, Santafé tuvo la impronta de una ciudad burocrática y eclesiástica, que reunía a esas castas de letrados y jueces, de clérigos y frailes, las cuales influyeron definitivamente en el talante de su sociedad.
A pesar de la precariedad física de nuestra ciudad, su privilegiada posición y el reverdecimiento económico de la producción sabanera, le dieron a finales del siglo XVI el primero de sus esquivos auges. Además de ser capital administrativa, Santafé fue durante esta época centro minero, punto obligado donde el oro y la plata de todo el país debían ser “quintados y marcados”. Sus haciendas, que todavía podían aprovechar una reserva generosa de mano de obra indígena, empezaron a exportar cereales (trigo en especial) a las partes bajas del Magdalena y a la Costa. La afluencia de dinero privado y el tren de gastos y mercancías fueron percibidos como la primera época de oro de la ciudad.
Sin embargo, sería tan sólo hasta la segunda mitad del siglo XVII cuando Santafé completó los rasgos definitivos que la distinguieron durante la mayor parte de su historia colonial.
El Cabildo, desde su fundación y por mucho tiempo, no tuvo el respaldo suficiente para emprender obras de envergadura. Sólo a comienzos del siglo XVII la ciudad logró agrietar el monopolio sobre la mano de obra indígena de que disfrutaban los encomenderos.
Allanado el obstáculo político, se instauró un sistema de trabajo forzoso en beneficio de la ciudad que se llamó “mita urbana o alquiler general”, lo que permitió su construcción física.
Después de esta media centuria de dinamismo, Santafé entró en un largo letargo que se extendió por más de un siglo, hasta fines del siglo XVIII.
Fue una Santafé estancada demográficamente, con una población principalmente indígena, regionalmente aislada, cuyo único crecimiento estuvo centrado en la Iglesia y la religión. Durante este lapso Santafé desarrolló una fisonomía que se mantuvo durante buena parte del período colonial.
Algunos cambios sociales bastante subterráneos ocurrieron a lo largo de estos siglos de aparente quietud. Durante la primera mitad del siglo XVII Santafé fue una ciudad predominantemente indígena en términos estadísticos y culturales. La proporción de indios estuvo en el orden del 70 % e influyó decisivamente en sus costumbres y en el paisaje urbano.
Tan sólo hasta finales del siglo XVIII puede observarse la intercalación de capas medias compuestas por artesanos, mestizos y tenderos. Los barrios de castas en la periferia rodearon el triángulo fluvial; en el centro y sur, colgado de los cerros, uno de los más importantes del siglo XVII fue Puebloviejo. En el norte, allende el río San Francisco, Pueblonuevo se convirtió en el principal barrio de viviendas indígenas y mestizas; fue el núcleo del barrio de Las Nieves, el más populoso de la ciudad.
Durante este tiempo se afianzó su ritmo lento, de tierra fría, de ciudad taciturna y religiosa. La monótona vida cotidiana se llenaba por la sucesión de los episodios de las vidas privadas, con los que se mezclaban las fiestas públicas, las corridas de toros, las procesiones.
De pronto rompía la rutina un sonado asunto pasional o un crimen horrendo, una excomunión, el ahorcamiento de un oidor o de un encomendero, o los escándalos por preeminencias entre el clero y la Audiencia.
Si en otras cosas fue modesta en el concierto de capitales regionales, Santafé tuvo paisaje en abundancia. Sus habitantes se sintieron profundamente orgullosos de su Sabana tan pegada a las entretelas de la ciudad. El viajero que inevitablemente entraba por el occidente, desde la Estanzuela o Puente Aranda, podía ver a Santafé ligeramente entarimada sobre las estribaciones de sus cerros más amados. Desde una perspectiva contraria, Santafé fue un balcón sobre la Sabana. Las circunstancias climáticas de su ubicación hacían de Santafé un punto gris y encapotado que miraba hacia un occidente luminoso, con extensos sembradíos de trigo que reflejaban su color de sabana produciendo deliciosos matices en el atardecer.
Sus vecinos acostumbraban a subir a sus torres para que el amarillo pintara de delectación sus caras. En sus inmediaciones no faltaban los encantadores rincones. Allí se dirigieron animados paseos o se ubicaron primorosamente estancias al lado del aire seco y frío de verano y de los inclinados pradizales de las vegas San Diego y el Fucha.
Pero con la misma generosidad con que la naturaleza la dotó de primores, también la castigó sin piedad. Las epidemias, con su negra cola, se repetían cada 15 años. Acompañaban la comparsa de tragedias corrientes los contrastes entre intensas sequías y pertinaces veranos, las heladas que dañaban “los panes”. los vendavales que arrancaban tejados, los incendios de casas y templos, las granizadas y, por sobre todo, los temblores y terremotos.
Por el temor generalizado que despertaban, éstos quedaron grabados en el inconsciente colectivo, en especial uno de ellos: “el tiempo del ruido”. que hace referencia a los roncos estertores que emitió la tierra en 1687.
Para estas tragedias colectivas como para la tranquilidad en la vida diaria se tenía el consuelo de la religión.
La Iglesia fue el mayor pilar de la sociedad, y el catolicismo llenó uno a uno casi todos los intersticios del vivir cotidiano, desde el nacimiento hasta la muerte. El santafereño corriente se bautizaba en Las Nieves o en la Catedral, era confirmado solemnemente, si llegaba a estudiar lo hacía en una corporación semieclesiástica (colegios mayores) y, si su alcurnia lo respaldaba, sus restos descansaban también en una iglesia. Dominicos, franciscanos, agustinos, jesuitas y capuchinos a finales del siglo XVIII ocuparon el lugar central en términos sociales, económicos y espaciales. Las órdenes llegaron a ser los más grandes casatenientes, y en conjunto poseían más de la mitad del suelo sabanero.
Pero no todo era recogimiento y sentido estricto en la vida. A través del rompecabezas de la historia de nuestra ciudad pueden verse los puntos grises del discurrir en la misma. La gran proporción de gente común y corriente, con componente indígena o mestizo llevaba una vida particular, apartada de los cánones conocidos. En su gran mayoría, los santafereños no cumplían con el precepto del matrimonio y llegaron a desarrollar un submundo en lugares poco controlados.
A partir del siglo XVII las chicherías se generalizaron y fueron teatro de bebezonas, riñas y acercamientos sexuales. Además del juego, proliferaron otros sitios de recreo y esparcimiento. Las cartas, los dados y las apuestas clandestinas calentaron las horas y aliñaron el aburrimiento santafereño.
A mediados del siglo XVIII nos encontramos con una ciudad que renace y que empieza un ciclo de dinamismo en todos los campos, que comienza a romper su cáscara de aldea y disimula un poco el barniz enteramente religioso que la cubrió durante dos siglos. El comercio y una revitalizada administración civil abrieron el surco por el cual se construyeron más obras y se introdujo una mentalidad diferente. Es la primera vez en su historia que la iniciativa civil y militar sobrepasa con creces a la religiosa.
En esta época de cierre de su etapa colonial, Santafé sufrió un significativo cambio demográfico y social. Su población predominantemente mestiza completó los 20. 000 habitantes, lo cual la hizo superar su condición aldeana. A la par se fortaleció su infraestructura urbana y se ampliaron sus funciones administrativas. Después de haber permanecido atada durante más de dos siglos al esquema de tres parroquias, en la ciudad se dio en 1774 una nueva reordenación territorial y un estatuto de “policía urbana”.
Fue esta su segunda edad de oro, su época de mayor brillo en toda su historia, cuyo ímpetu en materia intelectual y social se manifestó sustentando una élite más poderosa y caracterizada que le dio un impulso de casi medio siglo y que impugnó los lazos seculares con España al abrir una nueva época. Y en este empeño, como en otras ocasiones de su historia, ganó la República, pero perdió la ciudad.
Este destilado de algunos rasgos prominentes de Santafé muestra nuestro empeño por construir una historia integral de la ciudad desde una nueva perspectiva.
A partir del día de hoy empezaremos a relatar en orden cronológico la rica historia de Bogotá desde antes de su fundación hasta nuestros días, espero sea del agrado de todos ustedes, tanto como lo es para mi el narrarla.

jueves, 1 de febrero de 2007

El peso - moneda dura? -

La columna de OPINET
Cuando Álvaro Uribe Vélez ganó las elecciones del 2002 mencionó que se proponía solicitar al Banco de la República un “cambio de cartilla”, con el fin de devaluar el peso de manera constante para ganar competitividad.
Se dice que el Emisor se esfuerza demasiado por controlar la inflación revaluando, y muy poco por generar empleo, lo que puede conseguirse devaluando la moneda.
Lo cierto es que seis años después el peso se sigue fortaleciendo en beneficio de algunos -los importadores y quienes tienen deuda en dólares, incluyendo al Gobierno-, y en detrimento de las mayorías.
Es muy preocupante que la balanza comercial sea negativa en 51 millones de dólares en el periodo comprendido entre enero y noviembre del pasado año cuando, en 2005, ese mismo periodo reportaba US$ 1.335 millones a favor. Esto podría ser consecuencia del dólar barato y constituye un lunar dentro de las cifras que señalan el buen momento de la economía colombiana, con un crecimiento superior al 6 por ciento en el 2006. Fenalco acaba de expresar que el diciembre anterior fue el mejor de los últimos 10 años y la cifra de venta de automóviles en todo el 2006 marca un nuevo record: más de 200 mil unidades.
Si se sopesa todo esto con la inquietante realidad de un desempleo que no cede, hay que preguntarse si el crecimiento está apuntalado básicamente en el crecimiento del comercio, en la venta de importaciones suntuarias, como vehículos de gama alta y televisores de plasma, y no de bienes de capital como se pregona.
También inquieta pensar que el boom constructor de viviendas de estratos altos y locales comerciales esté ocasionado por la proliferación de dólares de dudoso origen, en unos casos, y de los que están irrigando la economía por las privatizaciones y la compra de empresas por parte de conglomerados extranjeros. En todo caso, preocupa que el crecimiento de ciertos sectores no esté fundamentado en una dinámica propia sino en la abundancia de dólares.
Con el paso de los meses sabremos si el crecimiento es sostenible o si terminaremos el año señalando culpables de lo que se advirtió a tiempo y no se corrigió. Cuando se tiene entre sienes la idea fundamental de que el crecimiento debe conseguirse mediante el comercio sin barreras, orientando la producción a la búsqueda y conquista de nuevos mercados, es absolutamente incompatible y peligroso mantener una corrosiva revaluación.
Si bien las exportaciones crecieron de enero a noviembre en un 15 por ciento, podría decirse que nuestra vocación exportadora es aún tímida y que los nubarrones para la misma siguen estando ahí y terminarán por aguar la fiesta si no se despejan.
Al problema del dólar súmese la pesadilla del TLC gracias al triunfo del Partido Demócrata en los E.U., cuyos miembros se oponen al Tratado con Colombia dizque en defensa de nuestros trabajadores cuando lo único que buscan es quitarnos la ventaja de la mano de obra barata. Como si fuera poco, el panorama en materia de carreteras y puertos no es alentador ni se ha trabajado lo suficiente en capacitación de mano de obra calificada que genere valor agregado y aumente las exportaciones de productos y servicios de alto costo. Además, aún están por verse los efectos de la nueva estructura tributaria que, aunada a la inseguridad jurídica, han sido graves estorbos a la inversión extranjera directa. No en vano el Banco Mundial y Price Waterhouse ubican al sistema tributario colombiano en el puesto 172 entre 175 países, apenas por encima de Mauritania, Ucrania y Bielorrusia.
Las exportaciones colombianas en 2006 (enero-noviembre) apenas llegaron a 22 mil millones de dólares mientras que las de Argentina, con menos de 40 millones de habitantes, ascendieron a US$ 46 mil millones, con un superávit de 12 mil; y las de Chile, con menos de 20 millones de habitantes, alcanzaron una cifra récord de US$ 59 mil millones (45 por ciento más que en 2005), con un superávit de US$ 23 mil millones, o sea más de lo que exportó Colombia.
China, con quien competimos en muchas áreas, tuvo un superávit de US$ 177 mil millones mientras que el presupuesto de Colombia para 2007 es de apenas US$ 52 mil millones, del cual más de la mitad se desperdicia en funcionamiento, corrupción y servicio de la deuda. Y a pesar de las cifras, se insiste en revaluar.