jueves, 14 de febrero de 2008

El mandato contra las FARC



LA COLUMNA DE OPINET

Sería difícil entrar a cuestionar si las marchas multitudinarias contra las Farc marcan un quiebre absoluto entre la posición ‘indiferente’ que de tiempo atrás había tenido la población colombiana y ese momento tan esperado en que la gente manifestara un cansancio y un hastío totales frente a la situación de conflicto y sus protagonistas, sobre todo con nombres propios como ha ocurrido. Eso se verá en la medida en que el impulso alcanzado en estos momentos de ‘efervescencia y calor’ se renueve cada vez que sea necesario y no se convierta esta manifestación de rechazo en flor de un día. Bajo esta perspectiva, se puede afirmar, sin lugar a dudas, que la marcha del 4F - y las subsiguientes, u otras manifestaciones de repudio - tendrá su efecto.
Lo que sí está muy claro es el significado resultante de la protesta y para explicarlo hay que ser claros en el sentido de que por lo menos cinco millones de personas marcharon contra las Farc, en representación de todo el país. El número de manifestantes, su diversidad social, racial, cultural, etc., y los diversos escenarios en los que se desarrolló la protesta, dan cuenta de un fenómeno nacional de proporciones inusitadas. Se marchó en las principales ciudades del país pero también en pequeños y apartados municipios donde ni siquiera había organizadores directos de la protesta. Marcharon desde los barrios más encopetados hasta las personas más pobres. Marcharon gentes de todas las razas y de todas las profesiones; desde las personas más doctas hasta quienes no han tenido mayor acceso a la formación académica. Marcharon personas de todas las vertientes religiosas y de todas las corrientes políticas.
El número de manifestantes merece un comentario aparte. No marcharon los 22 millones de personas que pedían las Farc (en un comunicado apócrifo) para sentirse aludidas y cambiar su actitud. Sin embargo, una cifra entre los cinco y los diez millones constituye una participación masiva porque es virtualmente imposible que todas las personas acudan a un mismo sitio a la misma hora. Hay unos diez millones de niños, menores de doce años, a los que no se les debe llevar a estas concentraciones y que tampoco deben dejarse solos - sin la compañía de adultos -en el hogar.

Hay cientos de miles de personas enfermas y de ancianos que no podrían acudir. Hay muchísimas personas que viven en lugares muy apartados de cualquier centro urbano y son millones los que debían laborar y para quienes no había permiso alguno para participar de la movilización. A esto se suman los problemas de transporte para trasladar a tantas personas en tan poco tiempo y el número finito de individuos que caben en un sitio determinado, como la Plaza de Bolívar.
Pero el asunto no se queda sólo en la participación masiva y plural, desde todo punto de vista, sino en el atronador e inequívoco mensaje de repudio contra las Farc, expresado a través de mensajes impresos en camisetas y pancartas, o de consignas coreadas por la multitud.

Esta vez, los colombianos no salieron a chupar paleta y a disfrutar música de ‘papayeras’ como en otras marchas donde se diluyeron las quejas en llamados generales contra la violencia. Antes, a la gente le daba miedo expresarse contra la guerrilla o se sumaban - por facilismo - a quienes abogan por un acuerdo político, por esa falacia de que las Farc eran invencibles y para terminar el pleito habría que acogerse a sus exigencias.
Y este es el principal cambio a partir de la marcha: el pueblo colombiano ha dado un mandato por su dignidad en el que ya no está dispuesto a aceptar el chantaje de paz a cambio de lo que los terroristas quieran.

Si las Farc se desmovilizan serán bienvenidas, sin mayores privilegios, en el seno de la sociedad; si siguen en el monte, el Gobierno ha recibido no un simple apoyo en la tarea que ha venido cumpliendo de combatir a la subversión, sino un verdadero encargo de hacerlo por mandato ciudadano.
Finalmente, es importante señalar el triste error en el que caen algunos ‘amigos’ de la subversión al decir que el odio y el repudio sólo conducirán a más guerra y cierran la puerta de una solución negociada. Nada ha atizado más la violencia en Colombia que la indiferencia social y la ausencia de Estado; por lo tanto, lo contrario no puede producir más de lo mismo. Y fueron las Farc las que cerraron, con sus humillaciones, cualquier posibilidad de que el pueblo colombiano les agache de nuevo la cerviz, como procuran los marxistas trasnochados que las acompañan.

El sabotaje de la marcha en París

La marcha del 4 de febrero, en París, tenía como punto de encuentro el Hotel de Ville, algo así como decir la Alpujarra en Medellín o la Plaza de Bolivar en Bogotá. El viernes, la familia de Ingrid Betancur le pidió al alcalde de París que anulara la marcha porque era "organizada por los paramilitares y el Gobierno colombiano". Ante las presiones de la familia Betancur, el alcalde de Paris decidió cambiar el sitio de encuentro y enviarnos a la Plazoleta de Chatelet. Es decir, pasamos de la Alpujarra a la Plazuela Uribe Uribe o de la Plaza de Bolivar al Parque del Periodista en Bogotá. Todo esto se los explico en analogía para que se puedan hacer una idea del cambio al que fuimos sometidos faltando solo dos días para la marcha.
Pero uno de los principales motivos para cambiar el sitio de la marcha es que en Chatelet no hay una foto de Ingrid Betancur como la que está en el Hotel de Ville, la que su familia llegó a pensar que sería violentada.
En la Place de Chatelet no se tienen las mismas comodidades: el acceso es complicado porque al lugar lo bordean cuatro calles fuertemente transitadas, por lo que sólo se pudo marchar en círculos, pero en turnos, porque no era posible hacerlo todos al mismo tiempo.
Sobre la hora, muchos colombianos llegaban perdidos a buscar sus compatriotas en el punto de encuentro anteriormente establecido: el Hotel de Ville. Pero los policías que custodiaban la alcaldía de París (lugar del encuentro), tenían orden de no dejar pasar a nadie vestido de blanco o con alguna prenda de ese color.
Por tal motivo era casi imposible prevenir a las personas que iban llegando al Hotel de Ville buscando a los demás marchantes. Ante esa situación me propuse para ir hasta el Hotel de Ville para enviar a los perdidos a la Place de Chatelet. En el camino constaté cómo el organizador y otra niña fueron detenidos por la policía indicándoles que no podían dirigirse al Hotel de Ville. Yo pude pasar, por fortuna, porque tenia un abrigo oscuro que cubría mi camisa blanca.En el Hotel de Ville me encontré con muchos colombianos que estaban 'perdidos', y creían que la marcha se había cancelado. A muchos pude hablarles pero la policía no dejaba que se juntaran personas allí. Estuve alrededor de una hora redireccionando personas hacia la Place de Chatelet. Luego volví a la marcha donde me dio alegría ver al señor embajador y una buena comitiva de colombianos y franceses que en medio del frío y la lluvia se concertaron para decir: ¡NO A LAS FARC! ¡NON LES FARC!
Todo parecía marchar muy bien hasta que llegaron algunos franceses diciendo que no debíamos estar ahí. En un momento me sentí tan ofendida que le pregunté a uno de ellos si sabia lo que era sufrir por un secuestrado, si conocía el dolor de los amigos o familiares a quienes se les secuestra un ser querido. Le pregunté quién era y, para mi sorpresa, su respuesta fue: "Soy del comité de apoyo a la familia de Ingrid Betancur." Todo me pareció demasiado obvio, porque en Francia la polarización por el tema del secuestro pasa por las manos de la familia Betancur.

En París el clima de la "marcha" (y la escribo entre comillas porque fue solo una concentración) estuvo llena de contradicciones entre colombianos y franceses GRACIAS A LA INFLUENCIA DE LA FAMILIA BETANCUR.

Hoy ante todos ustedes quiero denunciar la manipulación que tiene la familia de Ingrid Betancur sobre los medios en Francia, notablemente en Paris...


Maria Paula

Abogada

Doctorado en Ciencias Politicas

Paris - Francia

2 comentarios:

carlos dijo...

en esa marcha no estaba répresentados todos los colombianosaunque los peros uribstas crean que son todo el pais esa marcha fue para promover el uribismo abajo las politicas dl presidente uribe arriba el polo viva el polo .

THE GUARDIAN dijo...

ERA DE ESPERARSE ESTE TIPO DE ACONTECIMIENTIOS,LA GRAN MANIPULACIÓN QUE SE VERIA EN LA MARCHA ESTABA PREDICHA EN CUANTO A QUE LOS MARCHANTES SOLO FUERON FICHAS EN ESE MEZQUINO AJEDRÉZ POLÍTICO DEL QUE SE NUTRE PORSUPUESTO LA FAMILIA DE INGRID, NO SOLO HOY SINO DURANTE MUCHO TIEMPO SOLO TUVIERON AFAN DE PROTAGONISMO EN DETRIMENTO DE LOS SECUESTRADOS. EN COLOMBIA ESTE 20 DE JULIO SIRVIÓ PARA ELABORAR CORTINAS DE HUMO DESTINADAS A OCULTAR LA PRECARIA POLITICA ESTATAL EN TORNO A LOS SECUESTRADOS QUE INFORTUNADAMENTE NO TIENEN EL PESO POLÍTICO DE LA COLOMBOFRANCESA.

ME GUSTARIA QUE OBSERVARAN AL RESPECTO:

http://colapsonervioso6139.blogspot.com