sábado, 11 de julio de 2009

El Protomedicato en Las Indias


En cuanto empezaron a establecerse autoridades regulares en los territorios de las Indias, la Corona española se preocupó por ir estableciendo en los nuevos reinos tribunales protomédicos que cumplieran funciones similares a las de los españoles.
Decía una pragmática de Felipe II en 1579:
“Deseamos que nuestros vasallos gocen de larga vida y se conserven en perfecta salud. Tenemos a nuestro cuidado proveerlos de médicos y maestros que los enseñen y curen en sus enfermedades, y a este fin se han fundado cátedras de medicina y filosofía en las universidades más principales de las Indias”.
Cuando se estableció el Protomedicato en Santafé hacia 1589, este tribunal vino a llenar un vacío importante por cuanto hasta entonces la atención a la salud de los habitantes de este reino se regía por el más primitivo empirismo.
En forma perentoria se legisló en el sentido de que sólo podrían ejercer su oficio los médicos, cirujanos, barberos y boticarios que hubiesen sido aprobados por el tribunal protomédico.
El Protomedicato, como toda función pública en la Colonia, contaba con su oficina. El protomédico era asistido por un escribano y un promotor fiscal. Esta fue la planta básica en la mayor parte de su historia.
Al final del período colonial (1806), el Real Protomedicato, que residía en Cartagena de Indias, contaba con un protomédico, dos examinadores, un examinador de farmacia y visitador de medicina y boticas, un asesor, un fiscal y un escribano.
El escribano era nombrado por el protomédico y debía ser persona “hábil, suficiente y en quien concurrían las partes y calidades que requerían ”.
En algunos casos era el mismo escribano público y de cabildo. En 1589 fue Juan de Castañeda y en 1566 García de Toraya.
Antes de posesionarse, debía hacer el juramento acostumbrado ante el protomédico, teniendo el cuidado de ser “diligente y no cargoso en los negocios”.
El fiscal era también nombrado por el Protomedicato y “debía averiguar en la ciudad y demás partes de este distrito” por personas que incurrieran en delitos contra la salud. Promovía querellas y denuncias ante el tribunal.
Por ejemplo, Diego Serrano inició en 1622 “denunciación y causa contra” Pedro Fernández de Valenzuela, porque supo que curaba de medicina sin ser graduado.
Generalmente, una vez se iniciaba la causa el protomédico expedía auto para que dentro de un término presentara los títulos y licencias y en el entretanto quedaba en suspenso para poder ejercer.
El mismo promotor fiscal inició otra causa contra las “muchas personas así hombres como mujeres que contra las leyes reales curan de todas las enfermedades”
Su celo llegó a solicitar que se visitaran los curanderos y las curanderas de las diversas villas y ciudades. Este era un caso en el cual la iniciativa personal de un funcionario iba en contra del modus vivendi que tuvieron que aceptar las autoridades con los curanderos.
En algunos casos el protomédico comisionaba temporalmente a otras personas, quienes hacían las veces de tenientes de protomédico. Esta circunstancia se presentaba cuando se realizaban visitas por fuera de la ciudad, con la facultad para iniciar causas y tornar con los títulos dudosos para que el mismo protomédico dictaminara.
Los primeros protomédicos de Santafé datan de los años iniciales de la Colonia. Entre 1589 y 1773, la ciudad tuvo tan sólo once protomédicos, la mayoría de los cuales actuaron en Santafé.
La mayor parte mostró certificados de estudios en universidades francesas y españolas. El cargo exigía títulos universitarios, por lo que la mayor parte del tiempo el cargo estuvo vacante.
En general, ante las precarias condiciones, las exigencias tuvieron que adaptarse a las circunstancias locales, lo cual disminuía el nivel de exigencias cuando había candidatos.
Los nombramientos para optar el cargo de protomédico de la ciudad y corte de Santafé eran concedidos principalmente a personas con las suficientes letras, virtud y ciencia en la facultad médica.
Eran graduados que mínimamente habían optado el grado de bachilleres ( era indispensable para ingresar a la facultad el haber cursado filosofía), y con varios años de práctica. Sin embargo, los protomédicos fueron casi siempre (con excepción de fines del XVIII) los únicos médicos graduados existentes en Santafé.
En algunas épocas no hubo en Santafé personas que reunieran los requisitos. En estas épocas extremas se apelaba a personas con “letras” en otros saberes. Se tenían en cuenta sus estudios autodidactas en tratados de medicina y su experiencia en el arte de curar y en el conocimiento de las enfermedades locales.
Así ocurrió con los nombramientos del licenciado Antonio de Cepeda Santacruz en 1646 y el maestro Vicente Román Cancino en 1758, quien había cursado filosofía y optado grados en la Universidad de Santo Tomás.

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