lunes, 20 de diciembre de 2010

MEDICOS Y EJERCICIO DE LA MEDICINA

En cuanto a atención y servicios médicos para sus habitantes, la capital del Nuevo Reino de Granada mostró siempre un dramático atraso frente a las dos grandes capitales del imperio español en las Indias, vale decir, México y Lima.

Estas ciudades contaron con médicos suficientes, mejores hospitales, cátedras de medicina tan avanzadas como era posible en la época y tribunales de protomedicato que nada tenían que envidiar a los españoles.

Entre tanto, las carencias de la aislada Santafé en este sentido fueron en extremo agudas y también una constante a lo largo de todo el período colonial. Este contraste es explicable si se tiene en cuenta que los pocos médicos que se aventuraban a remontarse hasta Santafé generalmente terminaban lamentándolo y trasladándose a reinos más ricos y prósperos o a su propia patria.

El principal factor determinante de este fenómeno fue el tamaño de la población blanca y un nivel muy bajo de ingresos para satisfacer los estipendios de los médicos.

Generalmente los que más solían permanecer eran los que venían en las comitivas de personajes encumbrados como fue el caso de Don José Celestino Mutis, que vino a Santafé como médico personal del Virrey Pedro Messía de la Cerda.

La insuficiencia de médicos graduados o profesores médicos, como se les llamaba, posibilitó que los habitantes de todos los sectores sociales de Santafé y alrededores, en sus enfermedades y tiempos de calamidad, estuvieran bajo el cuidado de médicos prácticos y curanderos.

Se trataba de un grupo compuesto por empíricos, autodidactas y letrados, cuando no eran gentes de oficio semejante (cirujanos, barberos y boticarios), que después de acreditarse en su especialidad, se improvisaron como médicos, recetando a muchos de sus pacientes y amigos.

Este conjunto de personas anónimas y muchas veces vergonzantes, llenarían la mayor parte de la historia médica de Santafé.