por GERMÁN CUESTA GUERRERO
A estas alturas de la noche, en completa oscuridad y con este montón de medias, ya no se cuales son las mías. Encontrarlas no es tan importante, lo verdaderamente primordial es no tomar las de otros.
Con totazos en la puerta he sido acusado de robarme unos calzoncillos estampados con el escudo del Nacional. Una de las inquilinas asegura haberme visto salir con ellos puestos del baño, retrete que compartimos trece personas en el segundo piso –y eso que dice importarle un bledo lo que los demás hagan con su vida desde que no se metan con ella y sus cinco hijos-.
Si uno le presta atención a estos pequeños detalles no podría vivir en un lugar así, puesto que un inquilinato es mucho más que eso; guarida para la pobreza, familia extensa-intensa multicultural donde se puede pasar de la solidaridad a manos llenas a tanda de improperios por pedir que le bajen el volumen a la música un lunes a las 3 mañana.
Uniformidad de estilos: el reloj de pared del divino niño con marco de luces intermitentes, el borde de la ventana lleno de materas que una abuela cuida con esmero; materas pequeñas en vaso de yogurt, de frasco de mermelada, de axion crema,…materas. El guardarropa lleno de calcomanías comprado a plazos, del cual no se sabe cuando será la última cuota, pues cada sábado aparece el cobrador y siempre le decimos lo mismo: hoy no hay plata, pase el otro sábado.
En un rincón los juguetes que ya no fueron y la muñeca sin brazos, el radio que al fin expiró donación del abuelo, el sobre de manila viejo y sucio con los papeles importantes porque Mama dice que son importantes. Las docenas de revistas motor llenas de polvo que Papá nunca leyó y que guarda como su gran tesoro, la caja de la olla pitadora que guarda los arreglos navideños que cada año se repiten.
Un cuarto de dos por dos con cama semi-doble, una nevera con platanitos y peritas adhesivas, un equipo de sonido con par bafles de metro de alto, la cómoda con espejo, la canasta de mimbre para guardar los chiros, tres niños y un perro flaco que descansa en la almohada al que los chiquillos zarandean como muñeco de trapo. Familia que almuerza con mil de hueso, paquete de fideos, caldo rico, un frutiño y la vecina que apareció de repente.
¡Los recibos de los servicios se dividen por cabeza!, sentencia breve y doctrinal.
1 comentarios:
Great fforumm! Thanx guys!
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