Un
conjunto de razones conspiraron contra el bajo desarrollo de la medicina tanto
en España como en las Indias, pues esta ciencia no pudo desligarse de una
consideración sospechosa en términos sociales. Estuvo en un lugar ambiguo entre
una artesanía de alto rango y una carrera universitaria con todo su oropel.
En
España, desde temprana época, existían programas de instrucción sobre medicina
dentro de los colegios mayores. No constituía una “carrera” en el sentido
moderno, pero sí se regentaba una cátedra que servía de requisito para el
ejercicio de la medicina al más alto nivel.
En tal sentido, los créditos
académicos otorgaban un “grado” o un título que avalaba ciertos conocimientos y
una práctica médica tutelada. Oficialmente estaba incorporada dentro de los
flamantes Colegios Mayores de Castilla.
De las cuatro facultades consideradas
principalmente (artes, derecho, teología y medicina) en los siglos XVI y XVII,
la medicina era la menos valorada. R. Kagan, quien ha hecho la más completa
exploración del sistema universitario de esos tiempos, coloca la medicina en la
opción académica menos atrayente. En primer lugar estaba, lógicamente, la
posibilidad de ser un “letrado” con perspectivas en el clero o en el Estado.
“Los
rangos superiores del clero e importantes puestos en la administración real,
ambos asociados con riqueza y prestigio social, constituían sin duda la
elección preferida del estudiante. Una carrera profesional privada como
abogado, a ser posible vinculada a un consejo real, tribunal provincial,
catedral, corporación municipal o incluso a los dominios de un noble
acaudalado, figuraba posiblemente en segundo lugar, en tanto que el ejercicio
de la medicina o maestro de escuela ocupaban un pobre tercer puesto”.
Como ya lo anotamos, la aberrante discriminación de
que era objeto la medicina en España en cuanto a su rango social y profesional,
se trasladó sin variaciones a estos reinos.
Precisamente, a propósito de esta
disparatada situación, el prolijo cronista Ibáñez censura las “falsas ideas que
reinaban sobre distinción de clases sociales y que hacían mirar la práctica de
la medicina como vulgar y baja, a tal extremo que los jefes de familia impedían
a sus hijos, con limitadas excepciones, que se dedicaran a esta noble
profesión”.
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